sábado, 14 de febrero de 2015

68,54%, otra grave enfermedad fuera de control

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Con un mes de atraso, finalmente se publicó ayer que la inflación llegó a 68,54% en 2014, un año en que la economía de Venezuela se hizo más pequeña.

La inflación la mide el Banco Central de Venezuela a través de trabajos estadísticos que incluyen encuestas mensuales en las que toma nota y promedia los precios de un conjunto de productos y de servicios representativos del consumo familiar en Venezuela. 

En diciembre de 2007, se estableció en 100 la base del indicador de precios al consumidor. Dicho en pocas palabras, en ese momento se fijó en 100 el valor ponderado de la suma de todos los productos observados. Luego, cada mes se vuelve a encuestar y calcular y de acuerdo a como varía el indicador con respecto a 100, se sabe el porcentaje en que crecieron los precios en el periodo.

En diciembre de 2014, el índice de precios al consumidor fue de 839,50 y se puede proyectar que en febrero será 916,80. Es decir que en 87 meses, el índice habrá crecido 9,2 veces o dicho de otra manera, para hacer la misma compra, en febrero de 2015 se necesitan 9,2 veces la cantidad de dinero que se gastó en diciembre de 2007 .

Por su parte, el salario mínimo pasó de Bs. 615 a Bs. 5.650 en el mismo período. Es decir, que el salario también creció exactamente 9,2 veces.

Sin entrar en otros análisis, el gobierno se ha ocupado de que el salario mínimo no pierda terreno con respecto a la inflación (al menos en el papel). El salario ha sido ajustado 16 veces en estos 87 meses lo que  significa que cambia cada 5 meses en promedio. Al enfocar los últimos 2 años, el salario ha cambiado cada 4 meses. Si bien demuestra un compromiso con el salario mínimo, también demuestra un pésimo manejo del control de los precios.


Revisando los años calendario, la inflación de los últimos 7 promedia 36,5%, pero promedió 26,2% de 2008 a 2012 y 62,4% en los dos últimos años. Si bien todos los valores son malos al compararlos con los de nuestros vecinos que llevan años presumiendo de inflaciones anuales menores a 10%, la inflación del periodo Maduro refleja una grave enfermedad que está descontrolada.  

jueves, 12 de febrero de 2015

Dólares a 30

Cada vez que una economía impone un control (siempre imperfecto), hay un conjunto de transacciones que ocurren fuera del sistema que forman el llamado mercado negro, paralelo o libre. Si el mercado controlado no funciona adecuadamente o no es coherente con el resto de la economía, el tamaño del mercado paralelo crece. Caso contrario, se hace menos importante. Típicamente es especulativo, más que por la intención de la totalidad de sus participantes, porque suele no ser transparente. De hecho, es típicamente clandestino (en el caso venezolano ha sido considerado ilegal y criminal por ley).

Cuando el control se mantiene y se profundiza por tantos años, el paralelo comienza a convertirse en el mercado real. En el paralelo, el valor diario de cambio queda en manos no autorizadas, estadísticamente hablando, que pueden estar publicando datos parciales o subjetivos, aun sin proponérselo.

No estoy queriendo decir que páginas como DolarToday tengan oscuras intenciones sobre la fijación del cambio sino que como bien ellos recalcan, el tipo de cambio que publican recoge el promedio que usan las casas de cambio de Cúcuta pero, por ejemplo, no considera las transacciones más grandes e importantes que de seguro ocurren entre empresas y particulares en las grandes ciudades del país. En consecuencia, en Venezuela sólo el cambio fronterizo ha estado fijando el valor del creciente paralelo para todos los actores.

Si suponemos que hace 2 años Bs. 6,30 por dólar era una tasa real, al menos hoy por efecto de la inflación, la tasa debería rondar los 15 Bolívares. Seguir manteniéndolo en Bs. 6,30 es una perturbación mayor. Entonces, el valor controlado se ha mantenido artificialmente bajo (inmune a la inflación), los ingresos de divisas han disminuido y los egresos han aumentado. Son tres poderosas razones que parcialmente explican la gigantesca inflación que padecemos.

El paralelo por varios años fluctuó “cerca” del oficial y de pronto, desde julio de 2012, comenzó a brincar con fuerza. En 30 meses, se disparó desde 8 hasta Bs. 190 (algo nunca visto antes). La poca acción que el gobierno tomó al respecto nos está haciendo pagar un altísimo precio, de igual forma que pagaremos un alto costo por la negligencia de gastar sin control cuando están cayendo nuestros ingresos.

Al día de hoy tenemos un cambio real de unos Bs. 180 y un cambio subsidiado de entre 6,30 y 12 Bs.. Si dividimos todos los Bolívares de nuestra economía entre todos los Dólares que hay en reservas, el cambio implícito anda cerca de 100 Bolívares. En mi opinión, un tipo de cambio coherente para nuestra economía debería estar hoy por los 30 Bolívares, sin embargo, las distorsiones creadas en los últimos años van a dificultar por un buen tiempo que nos equilibremos con el mundo externo.

Ahora bien, si el nuevo SIMADI permite realmente la libre fluctuación podría reemplazar a DolarToday y, siendo así, al corto plazo ese cambio real bajaría considerablemente. Mi sueño se completa si en paralelo ajustamos nuestra economía para incentivar la producción nacional, reducir la corrupción desmedida, controlar los gastos, suprimir los exagerados regalos y pactar un acuerdo nacional para diversificar nuestros ingresos y disminuir la dependencia del petróleo. Sólo así, en dos o tres años ya estaremos mucho mejor encaminados de lo que estamos hoy en día.

domingo, 8 de febrero de 2015

¿Bravo pueblo o conejos en jaula?

Visto lo visto, lo del manejo actual del gobierno venezolano no es incapacidad sino premeditación y planificación comunista.

En respuesta a los números rojos mostrados por nuestra economía, tercos como el polvo, abundan consejos, opiniones, estudios, ensayos y discursos para demostrar que el rumbo debe ser modificado. Sugerencias, contra-planes y benévolas comparaciones con vecinos socialistas más abiertos y con mejores resultados están a la orden del gobierno. Oposición, protestas, deserción y proposición en cantidades suficientes para demostrar al más radical que hay maneras de mejorar la cosa sin necesidad de abandonar la visión social de la gestión pública, para el gobierno sólo son traiciones.

Por todo esto, cuando el proceso ya es quinceañero, no puedo pensar que sea la terquedad, el orgullo o la miopía las razones para no cambiar. Creo que las partes andamos pendientes de resultados diferentes. Mientras la mayoría de Venezuela quiere progreso, paz, modernidad y desarrollo, el gobierno quiere seguir destruyendo el capitalismo que queda para hacerse aun más todopoderoso, aunque ello signifique primero retroceder para luego avanzar (según sus planes).

Sin dudas, la búsqueda actual de este gobierno es la máxima hegemonía económica (ya ha logrado la política y la comunicacional), permitiendo una actividad privada al estilo cubano, es decir, micro-empresas familiares de 5 o 6 colaboradores para generar los ingresos mínimos para esas pocas familias y no más, mientras al igual que en Cuba, el estado gran-propietario puede asociarse con otros países o con trans-nacionales privadas foráneas para el resto de los proyectos y necesidades que lo ameritan y pareciera que vamos a toda velocidad en esa dirección.

Hay un sector de la oposición que siempre ha pensado que los malos resultados económicos le restarán el apoyo popular al gobierno y de esa manera colapsará el proyecto, sin embargo, el ejemplo de Cuba nos muestra que tantos años de pobres resultados, no han podido con esa “revolución”.

Una parte de la oposición aun piensa que la nuestra es una democracia con graves defectos de gestión que se curarán con elecciones. La otra piensa que esta es una dictadura que se derrotará organizando el clamor popular para dar paso a un borrón y cuenta nueva. Estas diferencias de enfoque son abismales, el gobierno lo sabe y estratégicamente busca profundizarlas para devolverlos al carril electoral que ya domina y seguir con su plan basado en el populismo, el clientelismo y el control total de los recursos y los medios de comunicación.

La madera del venezolano está siendo puesta a prueba como nunca antes. ¿Somos un bravo pueblo o conejos en jaula?

lunes, 2 de febrero de 2015

Favor de emigrar con paciencia, respeto y comprensión

Cada vez que leo una reseña de algún emigrante venezolano “maltratado” en su país destino, normalmente va acompañado por muchos otros comentarios que dicen que no es justo porque Venezuela siempre abrió sus brazos y acogió al inmigrante con amor. Aunque esto es bastante cierto, los que deben opinar si fueron bienvenidos sin maltrato deben ser los inmigrantes y no los anfitriones.

Soy y siempre me he sentido venezolano. Mis padres nunca se esforzaron porque estuviésemos conectados con España. Sólo sabíamos que allá estaban los abuelos, tíos y primos pero las comunicaciones de entonces eran cartas cada dos meses. Sin duda, en la mesa de casa hubo platos españoles pero mi madre inmediatamente adoptó la arepa, el pabellón, el quesillo, las empanadas, las hallacas y, en general, toda la comida venezolana como nuestra.

Ahora bien, recuerdo no pocos incidentes en primaria en los que me decían “musiú” con desprecio y más de una vez recibí un chaparrón de algún idiota que me acusaba de ser familia de los colonizadores que habían asesinado a nuestros indios en el siglo XVI. Más o menos cuando tenía 10 años, durante el gobierno de CAP, comenzó una fuerte inmigración de colombianos y recuerdo el “mosca, con distancia, porque son unos ladrones”. A los chinos, los tratábamos y los tratamos de “chino” y con cierto aire burlón y hasta de superioridad y así, con cada grupo extranjero hemos tenido gestos de descortesía. Para encontrar las referencias de que dimos (o damos) tratos al extranjero que no lucen tan amorosos como creemos basta pensar en estos calificativos: “español de mier..”, “italiano pata podrida”, “portugués lambucio”, “turco ladrón”, “chileno estafador”, por sólo mencionar algunos “cariños” que recibieron las colonias más numerosas que se integraron en las últimas décadas a Venezuela.

Ahora bien, superado esos destellos xenófobos que están más asociados con ignorancia y poca educación que con la forma de ser del venezolano, nuestro país si permitió que el extranjero se mezclara y abundan las familias mixtas hoy en día. Los extranjeros de segunda mitad del siglo XX lograron establecerse y prosperar en Venezuela, aunque no fue tan fácil como muchas veces se comenta. Por ejemplo, la matraca y los maltratos en las oficinas de extranjería, eran y son delitos que nunca se pudieron denunciar.

Lo cierto del caso es que creo que ser inmigrante no es tarea fácil. Ni antes, ni ahora. La diferencia fundamental entre la inmigración que recibió Venezuela en los últimos sesenta años y la emigración venezolana que empezó hace quince, es que nosotros recibimos gente humilde, campesina y sin estudios que aguantaron callados y, ahora, estamos exportando profesionales, emprendedores y empresarios que saben cuidar sus derechos. Aun así, al emigrar siempre estaremos expuestos a la generalización y al maltrato por parte de los idiotas que hay en todos lados.

Todo nacional tendrá siempre recelo de la inmigración porque todos somos territoriales y el rechazo es quizá una manera instintiva de cuidar lo que siento mío, de mi familia y de mi gente. Paciencia, respeto y comprensión de lado y lado y a sacar el mayor provecho de la situación que viven nuestros países y hacen que la gente se mueve más allá de sus fronteras.