sábado, 22 de marzo de 2008

Me desespera

Si, ese es el verbo: desesperar.

Me desespera el comportamiento social de los que vivimos en Venezuela, país único en muchos aspectos (esta nota destaca algunos que no son tan "sabrosos").

Perlas:

  1. Vas por una autopista (una de las pocas) y aunque 80 Km/h es el límite máximo de velocidad, los más apurados vamos a alguna velocidad entre 110 y 140 km/h porque no hay tanto tráfico (cosa rara). Si vas por el canal rápido, en mucho menos de que pase el siguiente minuto, te conseguirás a otro conductor, seguramente en un carro viejo y en mal estado, paseando a 70 Km/h por ese canal. Le haces un cambio de luces y nada. Le mandas 3 ó 4 señales más y sigue ahí (como si no fuera con él), tan fresco y a 70... Nada... a adelantarlo por la derecha... allá vamos.
  2. Vas por una autopista (la misma de antes) pero esta vez vas serenito, conversando con el copiloto, oyendo y riendo con la radio. Vas a una velocidad de entre 90 y 100 Km/h y te aparece una parrilla en la nuca (vía el retrovisor)... un desesperado zigzagueante como a 160 Km/h, trantado de pasarte a como de lugar (así sea por encima). Te pasa por el hombrillo y te pinta una paloma.
  3. Vas por el canal del medio de una vía principal de la ciudad. Pones tu luz de cruce porque a 100 metros vas a salirte para entrar a un estacionamiento. Un taxista que tienes atrás y a la derecha, desesperado como siempre, te clava la corneta por 15 segundos porque a él nadie lo frena. Te pasa como puede por la derecha, casi golpeándote y a los 10 metros se estaciona entre el canal del medio y el más lento, trancándote el paso, porque está recogiendo a una señora y ayudándole con una maleta y 2 cajas. Te lo agunatas y punto. Ni se te ocurra tocarle la corneta porque "mi pana, no ves que estoy trabajando".
  4. Vas por cualquier vía de cualquier ciudad y andas asustado entre los micro buses que van picados entre ellos por la pole de la siguiente parada. De pronto estás rodeado por 3 micro buses y entre dos canales. Nada que hacer. Calma y a esperar que alguno se mueva. Mientras estás detenido, salen manos por las ventanas de uno de los micro busess arrojando a la calle una concha de cambur, el envoltorio de un cocosete y 2 ventanas más allá, un par de manos se frotan los restos de las papitas fritas (a veces alguien también escupe hacia afuera y sin ver).
  5. Son las 2 y media de la tarde y como hoy usarás la tarde para hacer diligencias, pues nada, andas manjando por la ciudad. Llegas de primero al siguiente semáforo que se puso en rojo. Pasados los 3 segundos de cautela reglamentaria, el de atrás te toca la corneta para que te comas la luz. Como estás en un municipio donde multan, te quedas esperando tu verde. El de más atrás se une al corneteo para que le termines de dar. Te sorprendes y te agachas para chequear la luz y ves que sigue roja. Paciencia, lo que sigue es un grito que viene de atrás: "Dáaale PAJÚUUO..."
  6. Te estacionas en frente o cerca de cualquier farmacia, panadería, abastos y entras bien apurado a tratar de encontrar cualquier producto. No lo consigues (para variar) y regresas a tu carro para seguir buscando más adelantico, pero mientras medio te acercas a tu carro, te salta el dueño y señor de esa acera y te dice extendiendo la mano derecha: "Bien cuidao jefe...". Nadie se salva. Si te paras 4 veces, 4 veces pagas este impuesto, aunque no hayas podido comprar un carajo.
  7. En cualquier tienda, para comprar cualquier cosa, a cualquier hora y en cualquier lugar debes hacer una fila de entre 5 y 7 clientes para pagar (después de haber hecho otra para pedir). ¿A ese ritmo no estará yendo suficientemente bien el negocio para agregar otra caja/cajero? Te la calas y al llegar tu turno de pagar, prepárate a una mala cara y peor contesta si no tienes el cambio exacto (nunca, nadie, en ningún lugar tiene cambio suficiente).

Estas fueron sólo 7 perlas de todos los días. Pero hay más, muchas más... Lamentablemente...

miércoles, 5 de marzo de 2008

Socialización digital

Siempre me parecieron precipitados y poco acertados algunos comentarios que oía y leía hace unos 10 años, cuando comenzábamos a usar internet, relacionados con el aislamiento, el distanciamiento y la frialdad que este fenómeno le estaría ocasionando al relacionamiento humano. Hoy entiendo que eran las típicas objeciones de quienes se resistían a la revolución digital que nacía y que hoy nos arropa.

Lo que hemos vivido en y con la internet desde entonces me ha confirmado que yo estaba en lo correcto y durante todos estos años he celebrado que nos ayude a que más y más personas nos conozcamos, incluso mejor de lo que lo habríamos podido hacer sin chatear o intercambiar e-mails, que muchos nos mantengamos cercanos a la familia y amigos y un sin fin de otros beneficios en el campo empresarial, en el académico y casi que en cualquier ámbito.

Es también cierto que, sobretodo en los primeros años, el anonimato era casi una constante y así lo mostraron decenas de versiones de la caricatura que contrastaba la pareja más bien descuidada y viejona detrás de sus computadores con sus identidades digitales de super modelo y mega galán .

La fotografía digital, los celulares, el abaratamiento de las conexiones de banda ancha y del PC, la evolución de las aplicaciones y de los contenidos publicados y sobretodo la presencia de la informática y de internet desde la eduación básica nos han llevado a que plantemos cara con mayor seguridad y confianza y estemos derrotando ese anonimato de los primeros días.

No es de extrañar que en los últimos meses iniciativas como Facebook, con una valoración impresionante (sobretodo a raíz de la adquisición que Microsoft hizo de menos del 2% de sus acciones por 200 millones de dólares) y otros sitios "sociales", estén llevando a los analistas a concluir que "en el 2008 lo social seguirá siendo la estrella" o que "las redes sociales seguirán tirando de la carreta de la Red".

Creo que este fenómeno de las redes sociales es dificil de comprender enteramente sin disfrutar una o sin sentir en persona la fiebre de ver como crece tu red de amigos y familiares o de disfrutar intercambiando todo tipo de contenidos y recuerdos con amigos de los que no sabíamos nada en años o, incluso, con quienes compartimos todos los días. Estar viviendo esta experiencia es lo que precisamente me llevó a escribir esta nota que sólo puedo concluir intentando imaginar con cual novedad nos estaremos entreteniendo e inspirando dentro de pocos meses si hace muy pocos era Youtube quien movía nuestras páginas.

domingo, 2 de marzo de 2008

Corrales: la playa

Desde hace unos 5 años esta es mi playa favorita.

Queda en las costas del estado Miranda, por los lados de Chirimena, aunque es menos popular que esta última.

Se trata de una playa limpia de unos 500 metros de largo que está tras un acantilado en el que han construido casas de playa. En algunos terrenos que siguen sin construcción así como en los cortes de calle que les llegan, la gente local ha habilitado estacionamientos, garantizando seguridad para los vehículos y agua dulce para que al regresar la arena y la sal se queden fuera del carro.

La playa suele tener oleaje algo fuerte, algunas zonas con piedras y es bastante solitaria los días de semana. Los sábados, domingos, días feriados y de vacaciones conseguirás suficiente gente para sentirte bien acompañado. Típicamente, es visitada por gente tranquila, limpia y ordenada, familias jóvenes con niños (y hasta con el perro) y grupos de amigos, tipo estudiantes y compañeros de trabajo.

Afortunadamente, no ha sido excesivamente comercializada, sin embargo, varios kioskos a lo largo de la playa ofrecen sillas, toldos, empanadas, sopas de pescado y pescado frito con tostones, además de cervezas, agua y refrescos. Varias casas en el acantilado ofrecen habitaciones estilo posada y al final de la playa está una de las posadas tipo A del país: "Las Casas del Gobernador".

En fin, Corrales es una de las pocas playas cercanas a Caracas con condiciones naturales, suficiente infraestructura y excelente ambiente para tenerla como un estupenda opción de ida por vuelta.