jueves, 21 de mayo de 2015

Apuntes de un viaje a Margarita en mayo de 2015

Cada vez que tengo chance, voy de vacaciones a Margarita. Para mí es un destino bendito e ideal que me ha permitido disfrutar y descansar desde hace más de 30 años y que se ha ajustado perfectamente a los cambios de mis gustos y rutinas de turismo nacional a lo largo de todo este tiempo.

Mi anterior visita fue hace dos años y a continuación aprovecho de reseñar mi experiencia con algunos apuntes que podrían ser de interés para planificar tu próxima visita.

El primer acercamiento a la isla fue al ir al Conferry del centro comercial Milenium a comprar los boletos. El local es un espacio sobredimensionado y descuidado y con una atención al turista que deja mucho que desear. Desgano, caras largas, poca información y en general una mala actitud. El primer descubrimiento, el cambio de puertos (tanto en Puerto La Cruz como en la isla). El ferry disponible sólo puede atracar y zarpar desde Guanta y desde El Guamache. Otro turista pregunta dónde queda Guanta y el funcionario sólo le contesta: “al final del paseo Colón”. Ni un instructivo ni un folleto. Que cada quien se las arregle como pueda.

El segundo apunte tiene que ver con las vías, la suma de carreteras y autopistas para ir de Caracas a Oriente. Siento que la calidad de las vías mejoró en estos 2 años. Mejoró el asfaltado pero no la señalización. Para aprovechar más autopista, vale la pena ir por Río Chico, sin embargo, el empalme entre el final de la autopista en Río Chico y la carretera de El Guapo a Oriente, carece de una señalización suficiente y moderna. Más te vale que vayas con un conocedor o tengas la suerte de seguir al chofer indicado porque podrías perderte en unas vueltas adicionales. El paseo de Río Chico hasta El Guapo es una carreterita muy agradable y menos peligrosa que el trayecto original. Los comercios de El Guapo siguen atascados en el tiempo, con las facilidades y salubridad de la primera mitad del siglo XX.

Un volcamiento de un camión justo al salir de Guatire obligará a cambiar el pasaje al llegar a Puerto La Cruz porque ya no dará chance de tomar el barco de las 12m. El camión era de malta y el accidente ocurrió en medio de la nada. Al menos sesenta otros vehículos se detuvieron a espalillar la gandola. Un triste espectáculo de miseria que robará más de una hora al viaje. 

Al llegar a la vieja sede administrativa de Conferry en Puerto La Cruz (donde aun se debe hacer cualquier trámite de pasajes), siguen intactos los escombros de la demolición de esa sede. Le llaman Kosovo y no se ha avanzado en muchos meses con esa obra, ni siquiera con la recolección de los escombros. En esta parada me quedo unos minutos junto a los típicos “Cuidacarros” y compruebo que la nueva ocupación de bachaquero está en pleno auge en Puerto La Cruz. Entre ellos comentan qué se puede comprar ese día en cuál supermercado y hacen las cuentas de precios y margen en el mercado de reventa. Me ofrecen hojillas y mentol para masajear aporreos.

Al final de la tarde, ya en Guanta, no resulta fácil ubicar el sitio de embarque. Se llega tanteando y urge una señalización moderna y pensada para todos. Ya en el muelle la organización para subir al ferry es buena y las instalaciones aunque temporales no están mal (en caso de lluvia, debe ser un calvario). Lamentablemente, decenas de perros callejeros  mueven sus colas y pasean sus sarnas esperando una sobra. 

La puntualidad abrumadora. Tomaríamos el ferry de las 8:00pm y salimos a las 8 en punto. El ferry es una agradable sorpresa. Tanto el barco como la atención al pasajero. Mi mejor experiencia abordo desde hace 30 años. Los cafetines son mejores que los anteriores pero sin que pueda echar cohetes para celebrarlo. 

Al llegar a la isla, el puerto internacional de El Guamache tiene mucha, pero mucha mejor pinta que el viejo muelle de Punta Piedras pero falla nuevamente la señalización. La vía hasta alcanzar la autopista principal no tiene muchas decisiones así que no es difícil salir de allí pero la iluminación no brilla ni por su ausencia.

En la isla resaltan varias cosas muy importantes para un caraqueño. El clima de buena vibra y relax de la gente contrasta con la agresividad caraqueña. Sólo eso vale la pena el viaje. La afortunada carencia del enjambre de motorizados de la ciudad, te hace sentir mucho más tranquilo. El margariteño sigue siendo salido, simpático y cercano (demasiado opinarían algunos).

Como en el resto del país, los precios habrán subido unas 10 veces con respecto a 2013 pero contrario a los comentarios que me hacía mucha gente antes de salir, aunque el abastecimiento de productos de consumo diario está complicado, la situación no es peor que la de Caracas. Ni remotamente. Las empanaderas se quejan de que los controles de precios y los horarios de compra han dificultado su trabajo. La solución, comprar los insumos a bachaqueros. La consecuencia, empanadas a Bs. 50.

El sentido de progreso en la isla sigue estando presente. Urbanizaciones, centros comerciales, obras públicas, restaurantes y algunos nuevos hoteles, me alejan del sentido de debacle que se respira en la capital. El servicio eléctrico aunque con algunas fallas, aparentemente ha mejorado como producto del cambio de cable de alimentación que viene desde Chacopata en tierra firme. La sequía muy pronunciada ha complicado mucho el servicio de agua potable que se compensa pagando por cisternas para llenar los tanques. Otro problema nacional.

Visitar los 3 centros comerciales más grandes: Parque Costa Azul, La Vela (cuya expansión está en curso) y Sambil, por momentos, te traslada a otro país. Abundancia de marcas internacionales y aunque con algunas fallas de abastecimiento, hay muchas más opciones para elegir y comprar que en Caracas. El efecto de inventarios comprados a distintos tipos de cambio permite conseguir algunas “gangas” aunque pateando. Un mismo perfume o un mismo par de zapatos se pueden conseguir con notables diferencias de precios (5 a 1 en algunos casos). Así que con respecto a Caracas, vale la pena intentar comprar algo. Si bien a los estantes no se les están cayendo los productos, hay mucha mejor disponibilidad de todo (hasta aires acondicionados y televisores Samsung Curve están en las estanterías esperando a sus nuevos dueños aunque los precios nos asusten a los desenchufados).

Aunque la gente local se queja de inseguridad y dan cuenta de algún delito grave hace unos meses, la sensación de seguridad (nuevamente comparando con Caracas) es infinitamente superior.

La experiencia Margarita es muy valiosa y apreciada por mí. Justo ahora se vive un valioso movimiento cultural para resaltar lo autóctono, las recetas, las tradiciones y los ingredientes únicos. Festivales para honrar la mejor fosforera o el mejor piñonate dan cuenta de ello. Es un placer visitar esta isla y disfrutar, tanto de su oferta natural de playas y paisajes como de sus expresiones de pueblo orgulloso de sus tradiciones e historia.

Ya para el regreso, saber cómo llegar a El Guamache me obliga a llegar a Punta de Piedras y pararme a preguntar. La señalización no existe. “Pase el segundo semáforo y a unos 150 metros hay un desvío, lo toma y después de un rato, más adelante, tome a la izquierda”. No me pierdo e iba con tiempo suficiente pero, por favor, pongan unos letreros para todos. Nuevamente, tenía pasaje para las 4:00pm y salimos a las 4 en punto. Me impresionó gratamente el respeto al tiempo de los clientes. El trato a bordo, nuevamente, muy profesional y atento. Un contundente logro.

Mi plan original era pernoctar en Puerto La Cruz y salir bien temprano para Caracas pero por sentirme descansado y valiente, decidí hacer el regreso esa misma noche. El retorno no tuvo contratiempos más que mis propios temores por todos los cuentos y noticias de terror urbano de los viajes por carretera después de que cae la noche en nuestra Venezuela de hoy. Sinceramente, creo que fue una imprudencia. El viaje lo hice entre decenas de camiones y transporte pesado y luego de adelantarlos, apenas unos otros cinco valientes vehículos en total nos acompañábamos en una frenética carrera por llegar a casa. Desde El Guapo hasta Caracas apenas coincidiría con dos o tres vehículos durante esas dos horas de camino, así que sentí que habían reservado la vía solo para mí pero mi recomendación, luego de este temerario atrevimiento, es que esperes el amanecer o viajes en equipo.

lunes, 18 de mayo de 2015

Nunca será tarde para lo nuestro

Saboyano, tomates, pan de leche, ají dulce, piñonate, chucho y coscorrón son algunos de los tantos productos margariteños que siempre han estado aquí y que afortunadamente, seguirán adornando la cartografía culinaria del país después de nosotros.

Es muy fácil probar y quedar enganchado y apreciar lo extraordinario de estos artículos nuestros, ya sea que incluyan receta de cocina o que se cultiven en nuestra tierra.

Si en lugar de estar escribiendo desde Margarita, me encontrara en Lara, en Bolívar, en Táchira, en el Zulia o en cualquier otra región de Venezuela, los nombres serían otros pero el sentimiento y el gusto serían los mismos. Nuestro país está repleto de regalos (culinarios en el caso de esta nota).

Pero volviendo a la isla, me suena un timbre en la cabeza al percatarme que en los últimos 40 años en que esta perla de El Caribe ha sido la joya favorita para las vacaciones locales de tantos venezolanos, el típico encargo que nos hacían o el típico regalo que llevábamos fue pasando de las cholas (sandalias) Aloha al triángulo de Toblerone, alternándose con Whiskys escoceses, quesos holandeses, sábanas de pavo real y metros de goma de mascar norteamericana, con mucha más frecuencia que la de los verdaderos tesoros paridos en esta mágica isla.

Tratando de rescatar alguna bendición de los malestares económicos que ahora le aprietan el estómago a Venezuela y que han hecho que este Puerto Libre también quedé preso de la brutal devaluación y muestre escuálidas o inaccesibles estanterías de productos importados, quisiera poder alegrarme de que la producción autóctona de dulcería margariteña y de productos “Hechos y cultivados en Margarita”, reemplacen, al menos parcialmente, una parte de esos históricos encargos y regalos importados de este Puerto Libre.

No intento atacar la política de puerto libre que le ha generado tanto éxito a la isla, trato de alegrarme de que las circunstancias actuales podrían estar abriéndole mercados a los fabulosos productos locales que tanto impacto podrían generar a la isla, al país y a nuestra auto-estima.


Si no conoce esta dulcería o estos productos sin desperdicio, búsquelos en su próxima visita. Su paladar y el alma del país se lo van a agradecer.  

jueves, 7 de mayo de 2015

La alergia al libre mercado es un delito


El modelo económico que el socialismo del siglo XXI le ha impuesto a Venezuela ha perdido sus equilibrios, al menos, desde hace 3 años. La economía planificada, controlada y subsidiada por el estado, que se ha establecido desde 2003, requiere una cantidad de recursos públicos que ahora no están disponibles.

El modelo planificado intenta luchar contra la oferta y la demanda y eso conlleva un alto precio que, al principio, lo asumía el estado y que, al disminuir el saldo en nuestras cuentas públicas, ha comenzado a ser pagado por toda la población, en forma de inflación y de escasez.

No es difícil aceptar que el modelo de libre mercado puede en ocasiones resultar cruel para la gente con bajos ingresos (sobretodo en una sociedad en la que éstos abundan) pero, como ya hemos comprobado, decretar el precio de las cosas es  imposible o, mejor dicho, pensar que decretar el precio de algunos productos garantiza su disponibilidad a precios "justos", es una perversa ingenuidad.

La única salida es una combinación de: un obsesivo compromiso y las acciones necesarias para aumentar la producción, campañas que intenten desacelerar ciertos tipos de consumo (nocivos o irresponsables) y, mientras se combate la pobreza, brindar inteligentes subsidios directos a quienes los necesitan.

La gente se ha quejado del más reciente aumento de sueldos decretado hace pocos días por insuficiente ante la inflación pero mientras no se modifiquen las políticas que desincentivan la producción, poner más dinero en manos de todos sólo terminará acelerando más la inflación y la escasez.

Si 10 personas llegan a un mercado, cada una con al menos 100 Bolívares para comprar una manzana, y sólo hay 3 manzanas a la venta, el precio de éstas subirá hasta el máximo monto que alguno de los oferentes esté dispuesto a pagar por ellas. Si a la semana siguiente, se repite la rutina pero los consumidores vienen con 130 Bolívares, sin duda alguna, las 3 manzanas subirán automáticamente de precio. ¿Le suena?

Si el estado regula el precio de la manzana, obligando a que cada una sea vendida a Bs. 10, alguno de los 3 afortunados que compren una, la podrá revender clandestinamente y  sin controles porque sabe que hay una necesidad y que alguno de los otros 9 interesados está dispuesto a pagar por encima del precio controlado. ¿Le sigue sonando?

Si por el contrario, en vez de 3, en el mercado se ofrecen 100 manzanas, el poder pasará a mano de los compradores y el precio de la manzana bajará hasta el mínimo que el  oferente esté dispuesto a vender para no perder porque habrá más que una manzana disponible para todos los que quieren comprar.

Creo que el ejemplo es claro cuando hablamos de manzanas pero qué pasa cuando el producto en cuestión es de vida o muerte para el consumidor. Si se le deja en manos del libre mercado, terminará excluido y quizá muerto por no poder pagarlo (por ejemplo, una medicina). En este caso, sin duda alguna en países con un alto porcentaje de población con bajos ingresos, es necesario una intervención en forma de subsidio o de caridad.

No existe una economía controlada en el mundo moderno que haya sido capaz de atender esta situación con suficiencia. Hay docenas de pruebas fallidas, a lo largo de más de un siglo, de intentar la modificación de las conductas humanas de consumo. En consecuencia, insistir tercamente en un modelo que ha fracasado decenas de veces, es un crimen.

La única forma (y estaría por verse) de que este modelo funcione en Venezuela es que la producción petrolera creciera todos los años, al menos en la misma proporción en que crece la población, que el precio del petróleo creciera todos los años, al menos en la misma proporción en que lo hace la inflación mundial y que hubiera una manera de cerrar las fronteras del país, para no permitir el contrabando hacia nuestros vecinos.

Todo esto, claramente, resulta altamente improbable y, en consecuencia, la salida lógica es aprovechar inteligentemente las realidades del libre mercado para que la economía genere mayores riquezas y calidad de vida para más venezolanos. Contamos con decenas de ejemplos exitosos para imitarlos. Adicionalmente, contamos con el apoyo del petróleo en manos del estado para subsidiar dónde y mientras sea necesario. ¿Por qué cree Usted que nuestros administradores siguen por un camino que ya se ha probado y ha sido un fracaso? Ilumínenos por favor.