jueves, 12 de febrero de 2015

Dólares a 30

Cada vez que una economía impone un control (siempre imperfecto), hay un conjunto de transacciones que ocurren fuera del sistema que forman el llamado mercado negro, paralelo o libre. Si el mercado controlado no funciona adecuadamente o no es coherente con el resto de la economía, el tamaño del mercado paralelo crece. Caso contrario, se hace menos importante. Típicamente es especulativo, más que por la intención de la totalidad de sus participantes, porque suele no ser transparente. De hecho, es típicamente clandestino (en el caso venezolano ha sido considerado ilegal y criminal por ley).

Cuando el control se mantiene y se profundiza por tantos años, el paralelo comienza a convertirse en el mercado real. En el paralelo, el valor diario de cambio queda en manos no autorizadas, estadísticamente hablando, que pueden estar publicando datos parciales o subjetivos, aun sin proponérselo.

No estoy queriendo decir que páginas como DolarToday tengan oscuras intenciones sobre la fijación del cambio sino que como bien ellos recalcan, el tipo de cambio que publican recoge el promedio que usan las casas de cambio de Cúcuta pero, por ejemplo, no considera las transacciones más grandes e importantes que de seguro ocurren entre empresas y particulares en las grandes ciudades del país. En consecuencia, en Venezuela sólo el cambio fronterizo ha estado fijando el valor del creciente paralelo para todos los actores.

Si suponemos que hace 2 años Bs. 6,30 por dólar era una tasa real, al menos hoy por efecto de la inflación, la tasa debería rondar los 15 Bolívares. Seguir manteniéndolo en Bs. 6,30 es una perturbación mayor. Entonces, el valor controlado se ha mantenido artificialmente bajo (inmune a la inflación), los ingresos de divisas han disminuido y los egresos han aumentado. Son tres poderosas razones que parcialmente explican la gigantesca inflación que padecemos.

El paralelo por varios años fluctuó “cerca” del oficial y de pronto, desde julio de 2012, comenzó a brincar con fuerza. En 30 meses, se disparó desde 8 hasta Bs. 190 (algo nunca visto antes). La poca acción que el gobierno tomó al respecto nos está haciendo pagar un altísimo precio, de igual forma que pagaremos un alto costo por la negligencia de gastar sin control cuando están cayendo nuestros ingresos.

Al día de hoy tenemos un cambio real de unos Bs. 180 y un cambio subsidiado de entre 6,30 y 12 Bs.. Si dividimos todos los Bolívares de nuestra economía entre todos los Dólares que hay en reservas, el cambio implícito anda cerca de 100 Bolívares. En mi opinión, un tipo de cambio coherente para nuestra economía debería estar hoy por los 30 Bolívares, sin embargo, las distorsiones creadas en los últimos años van a dificultar por un buen tiempo que nos equilibremos con el mundo externo.

Ahora bien, si el nuevo SIMADI permite realmente la libre fluctuación podría reemplazar a DolarToday y, siendo así, al corto plazo ese cambio real bajaría considerablemente. Mi sueño se completa si en paralelo ajustamos nuestra economía para incentivar la producción nacional, reducir la corrupción desmedida, controlar los gastos, suprimir los exagerados regalos y pactar un acuerdo nacional para diversificar nuestros ingresos y disminuir la dependencia del petróleo. Sólo así, en dos o tres años ya estaremos mucho mejor encaminados de lo que estamos hoy en día.

domingo, 8 de febrero de 2015

¿Bravo pueblo o conejos en jaula?

Visto lo visto, lo del manejo actual del gobierno venezolano no es incapacidad sino premeditación y planificación comunista.

En respuesta a los números rojos mostrados por nuestra economía, tercos como el polvo, abundan consejos, opiniones, estudios, ensayos y discursos para demostrar que el rumbo debe ser modificado. Sugerencias, contra-planes y benévolas comparaciones con vecinos socialistas más abiertos y con mejores resultados están a la orden del gobierno. Oposición, protestas, deserción y proposición en cantidades suficientes para demostrar al más radical que hay maneras de mejorar la cosa sin necesidad de abandonar la visión social de la gestión pública, para el gobierno sólo son traiciones.

Por todo esto, cuando el proceso ya es quinceañero, no puedo pensar que sea la terquedad, el orgullo o la miopía las razones para no cambiar. Creo que las partes andamos pendientes de resultados diferentes. Mientras la mayoría de Venezuela quiere progreso, paz, modernidad y desarrollo, el gobierno quiere seguir destruyendo el capitalismo que queda para hacerse aun más todopoderoso, aunque ello signifique primero retroceder para luego avanzar (según sus planes).

Sin dudas, la búsqueda actual de este gobierno es la máxima hegemonía económica (ya ha logrado la política y la comunicacional), permitiendo una actividad privada al estilo cubano, es decir, micro-empresas familiares de 5 o 6 colaboradores para generar los ingresos mínimos para esas pocas familias y no más, mientras al igual que en Cuba, el estado gran-propietario puede asociarse con otros países o con trans-nacionales privadas foráneas para el resto de los proyectos y necesidades que lo ameritan y pareciera que vamos a toda velocidad en esa dirección.

Hay un sector de la oposición que siempre ha pensado que los malos resultados económicos le restarán el apoyo popular al gobierno y de esa manera colapsará el proyecto, sin embargo, el ejemplo de Cuba nos muestra que tantos años de pobres resultados, no han podido con esa “revolución”.

Una parte de la oposición aun piensa que la nuestra es una democracia con graves defectos de gestión que se curarán con elecciones. La otra piensa que esta es una dictadura que se derrotará organizando el clamor popular para dar paso a un borrón y cuenta nueva. Estas diferencias de enfoque son abismales, el gobierno lo sabe y estratégicamente busca profundizarlas para devolverlos al carril electoral que ya domina y seguir con su plan basado en el populismo, el clientelismo y el control total de los recursos y los medios de comunicación.

La madera del venezolano está siendo puesta a prueba como nunca antes. ¿Somos un bravo pueblo o conejos en jaula?

lunes, 2 de febrero de 2015

Favor de emigrar con paciencia, respeto y comprensión

Cada vez que leo una reseña de algún emigrante venezolano “maltratado” en su país destino, normalmente va acompañado por muchos otros comentarios que dicen que no es justo porque Venezuela siempre abrió sus brazos y acogió al inmigrante con amor. Aunque esto es bastante cierto, los que deben opinar si fueron bienvenidos sin maltrato deben ser los inmigrantes y no los anfitriones.

Soy y siempre me he sentido venezolano. Mis padres nunca se esforzaron porque estuviésemos conectados con España. Sólo sabíamos que allá estaban los abuelos, tíos y primos pero las comunicaciones de entonces eran cartas cada dos meses. Sin duda, en la mesa de casa hubo platos españoles pero mi madre inmediatamente adoptó la arepa, el pabellón, el quesillo, las empanadas, las hallacas y, en general, toda la comida venezolana como nuestra.

Ahora bien, recuerdo no pocos incidentes en primaria en los que me decían “musiú” con desprecio y más de una vez recibí un chaparrón de algún idiota que me acusaba de ser familia de los colonizadores que habían asesinado a nuestros indios en el siglo XVI. Más o menos cuando tenía 10 años, durante el gobierno de CAP, comenzó una fuerte inmigración de colombianos y recuerdo el “mosca, con distancia, porque son unos ladrones”. A los chinos, los tratábamos y los tratamos de “chino” y con cierto aire burlón y hasta de superioridad y así, con cada grupo extranjero hemos tenido gestos de descortesía. Para encontrar las referencias de que dimos (o damos) tratos al extranjero que no lucen tan amorosos como creemos basta pensar en estos calificativos: “español de mier..”, “italiano pata podrida”, “portugués lambucio”, “turco ladrón”, “chileno estafador”, por sólo mencionar algunos “cariños” que recibieron las colonias más numerosas que se integraron en las últimas décadas a Venezuela.

Ahora bien, superado esos destellos xenófobos que están más asociados con ignorancia y poca educación que con la forma de ser del venezolano, nuestro país si permitió que el extranjero se mezclara y abundan las familias mixtas hoy en día. Los extranjeros de segunda mitad del siglo XX lograron establecerse y prosperar en Venezuela, aunque no fue tan fácil como muchas veces se comenta. Por ejemplo, la matraca y los maltratos en las oficinas de extranjería, eran y son delitos que nunca se pudieron denunciar.

Lo cierto del caso es que creo que ser inmigrante no es tarea fácil. Ni antes, ni ahora. La diferencia fundamental entre la inmigración que recibió Venezuela en los últimos sesenta años y la emigración venezolana que empezó hace quince, es que nosotros recibimos gente humilde, campesina y sin estudios que aguantaron callados y, ahora, estamos exportando profesionales, emprendedores y empresarios que saben cuidar sus derechos. Aun así, al emigrar siempre estaremos expuestos a la generalización y al maltrato por parte de los idiotas que hay en todos lados.

Todo nacional tendrá siempre recelo de la inmigración porque todos somos territoriales y el rechazo es quizá una manera instintiva de cuidar lo que siento mío, de mi familia y de mi gente. Paciencia, respeto y comprensión de lado y lado y a sacar el mayor provecho de la situación que viven nuestros países y hacen que la gente se mueve más allá de sus fronteras.

sábado, 31 de enero de 2015

Reciclando el futuro

Cuando en una economía suceden grandes rupturas, un porcentaje de la población queda al margen del futuro. Así pasó con la revolución industrial y mucho más recientemente, por ejemplo en España, por la debacle inmobiliaria. Entre los 4,5 millones de desempleados españoles, un porcentaje significativo fueron empleados de la construcción, la seguridad, el comercio o tenían empleos con baja calificación y por eso, entre otras razones, les está costando tanto salir del paro. 

En las nuevas realidades económicas suele no haber suficientes oportunidades para este perfil de trabajador y los programas de reinserción no están funcionando como deberían. La reconversión, de ser posible, rescata a un porcentaje de la gente pero lamentablemente, los que no pueden o quieren reciclarse, difícilmente disfrutarán el nuevo patrón de oportunidades y pasan a una lista de excluidos: dependientes del estado (con suerte) y/o abrazados a un futuro de pobreza.

Tanto el estado de bienestar de una sociedad como nuestra propia y humana zona de confort, son dos enemigos del cambio y la prosperidad. “Quedé desempleado hace 5 años pero no me muevo hasta recuperar mi mismo empleo y la calidad de vida de antes”

Ahora bien, los desempleados absolutos que tienen o adquieren competencias para emprender en una nueva economía post-ruptura, transformarán nuevas ideas o viejas necesidades en pequeñas y medianas empresas. El resultado podría ser, al cabo de pocos años, un futuro como emprendedores mucho mejor al que hace unos años podía esperarles como empleados o al que más recientemente tenían, procurando sobrevivir con las ayudas del estado.

Cuando vemos hacia Venezuela o hacia cualquiera de nuestros países con mucho desempleo y una enorme porción de economía sumergida, la esperanza de un cambio mayor se facilita, se hace más grande y posible.

Aunque se publicó hace 3 días que el desempleo absoluto agobia sólo al 5,5% de la población económicamente activa de Venezuela, un enorme 17%, según cifras oficiales, vive de ocupaciones informales. A diferencia de muchos países, incluyendo a nuestros vecinos, Venezuela dejó que se desarrollara la informalidad porque básicamente hemos abusado de la renta petrolera como principal ingreso y hemos despreciado la inclusión productiva de la gente (y los impuestos que generaría) por prepotencia y porque va en contra del modelo rentista-populista que se necesita para mantener a un pueblo dependiente y a un modelo político que lo aprovecha.

Si tomamos como cierto el hecho de que al menos 2 millones y medio de venezolanos son productores informales de sus ingresos, hablamos de 2,5 millones de pequeñas empresas que con planificación, formación, apoyo y disciplina son capaces de generar un cambio económico de grandes proporciones para el país y por eso reinvindico la economía informal.

Pensando en los que quieren salir del desempleo y la informalidad, en Venezuela tenemos que elaborar un plan de desarrollo con menos estado y con más ciudadanos. Pienso que el modelo educativo superior está obviando un desarrollo profesional moderno, pragmático y efectivo que desarrollaría técnicos altamente necesarios y productivos en 1 ó 2 años (componedores de software, diseñadores gráficos, analistas de mercadeo digital, editores digitales, atención al cliente, redactores, etc., por sólo mencionar algunos de los sectores que demandan profesiones modernas). Hay un porcentaje de jóvenes que quiere y debe seguir apostando por una cerrera universitaria tradicional pero otro grupo, de jóvenes y de adultos que quieren reciclarse, quisiera formar parte de nuevos programas de capacitación para ocupaciones de presente y futuro en las que las tecnologías actuales tienen que ver más que la formación  tradicional.

Humildemente, apoyaría varios cambios en la educación venezolana: recuperar los bachilleratos técnicos, tener centros diurnos de formación totalmente rediseñados para bachilleres que no quieren seguir una carrera tradicional y, en los mismos centros pero en otro horario, recibir adultos que buscan reciclarse. En Venezuela sabemos que tenemos millones de personas que demuestran todos los días que producen por su cuenta y que han sabido construir y manejar negocios propios. Ya lo hacen hoy con éxito en muchos casos aunque de manera informal.

Es momento de dejar de actuar como el papá sobreprotector que menosprecia o desconfía del potencial y la capacidad de sus hijos, para ser un estado promotor y nutritivo que confíe e invierta más en las potenciales y el desarrollo productivo de su gente.

sábado, 24 de enero de 2015

Petróleo a 10

Hoy pienso que el futuro de Venezuela y de sus próximas generaciones necesita que nuestro barril de petróleo se venda a 10 dólares por los 10 próximos años.

El sacudón de sabernos menos solventes y menos ricos, seguro nos obligaría a repensarnos desde todo punto de vista pero fundamentalmente, nos haría cambiar profundamente algunas de las creencias y conductas que nos tienen atrapados, frustrados, empobrecidos y decepcionados de ser pobres y creernos ricos.

Este escenario de un bajo precio de nuestro petróleo por una década nos llevaría a ser más creativos, planificados, humildes, ahorradores, productivos y a valorar más nuestras posibilidades de depender más del ingenio que de las rentas que llegan solas y nos ayudaría a escoger representantes para que nos sirvan y no caudillos que nos repartan mejor lo que Dios nos proveyó (como tan bien escribió Laureano).

La renta petrolera y el populismo venezolano han arruinado nuestro pasado reciente, destruyen nuestro presente y han atrofiado nuestras potencialidades. Si hago un balance de los peores atributos de nuestra sociedad, con dolor tengo que mencionar que el egoísmo, la prepotencia, la apatía, la mendicidad (del “bien cuidado jefe” para abajo), la corrupción, la irresponsabilidad y el desprecio por lo común nos están definiendo como una triste sociedad enferma pero que se cree ungida.

Habrá muchos que se molesten porque estoy emitiendo estos juicios y me dirán que el venezolano no es así. Que somos trabajadores, “echaos pa´lante”, creativos, cálidos y otra cantidad de virtudes. Aun sabiendo que éstas también nos definen, al juzgar lo que hemos hecho como sociedad en los últimos 40 años, tengo que ser auto-crítico y mostrar nuestros lados menos admirables.

Desde que el tipo de cambio se despidió del 4,30 en el 83, todo el que ha podido ha especulado con nuestra moneda. Comenzando con los días previos a la primera devaluación de aquel viernes negro y el “ta´barato, dame dos”, hasta la actualidad de CADIVI y los SICADes, el uso y abuso de información privilegiada, de asignaciones y de cupos han mostrado la más egoísta cara del venezolano.

La honradez administrando recursos públicos, de un lado y de otro, es vista como una idiotez. “No me den. Pónganme donde haiga” es una triste frase venezolana. Éramos corruptos en el 78, en el 88, hace 10 años y ahora. La falta de probidad y honradez al entrar en contacto con el dinero de todos, más que algo malo es una importante “virtud” de nuestra dañada ciudadanía.

No esperar nuestro turno si vemos que podemos agilizar de cualquier manera, creernos más despiertos que los demás y ponernos siempre por encima del prójimo y sin remordimiento, es otra de nuestras tristes características. Sólo hay que observar el tráfico en nuestras calles por unos minutos para comprobarlo. Es que pareciera que sólo estamos hechos de la prepotencia real, de la impotencia indígena, de esclavos rabiosos y de la viveza de los mantuanos.

Lo lógico sería hacer el cambio sin perder la ventaja que nos daría el petróleo bien vendido pero es que hemos podido hacer varios grandes cambios en los últimos 45 años y lo que hemos escogido nos lleva de mal en peor. Cada vez que una disyuntiva electoral nos ha contrapuesto dos caminos, siempre hemos escogido el del Mesías, el que más inmediatismo nos garantice y así, sólo parecemos estar zapateando y hundiendo nuestro futuro en un charco de mierdas movedizas.

Si no encontramos pronto otra manera de entender nuestra ciudadanía y cómo construir nuestro futuro, Dios mío, espero que nos dejes el Petróleo a 10, por 10 años y ayúdanos a cambiar.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Del 2014 al 2015


Aunque el ánimo no me acompañe para llover sobre mojado, poder leerme a futuro me obliga a dejar este breve resumen que atestigua mi 2014 vivido en Venezuela y, casi como conclusión obligatoria he añadido algunos pensamientos temerarios sobre el año por venir.

Un año más, todo el 2014 fue desbordado por la inseguridad y el desorden. Hemos estado arropados por la pérdida del control público del bien y del mal. Asesinato, secuestro y asalto son las tres tristes amenazas que nos siguen golpeando pero que ya no nos sorprenden. La anarquía se ha hecho habitual y cotidiana en nuestras ciudades y pueblos. Hace rato que se perdió todo gesto de respeto, orden y convivencia. La calle es un “sálvese quien pueda” y “yo paso primero”. Es muy duro descubrir que para las nuevas generaciones esta pareciera la única forma de convivencia a la que la mayoría se ha adaptado. Todo conspira para que así sea y me indigna ver que mucha gente, en cierta forma, no sólo la tolera sino que la disfruta.

Otro fenómeno social que ha sido cotidiano todo el año es la emigración. Entre los que se fueron, los que se van y los que lo están pensando, cualquiera contará un alto porcentaje de su entorno. Cada día más, cualquier destino externo es bueno. La emigración no es nueva. Empezó tímidamente hace 15 años pero ha venido creciendo con mucha fuerza desde 2012. En 2014, fue contundente. Hace 10 años se iban familias enteras, principalmente asustadas por temas de seguridad. En esa primera oleada fuerte, los que se marchaban a los Estados Unidos o a España recibían buenos deseos y críticas por igual. En los años recientes y en éste, se marchan a borbotones los jóvenes recién graduados y parejas de recién casados. Ya no reciben críticas, todo aviso de alguien que se marchó, es celebrado con una alegre tristeza. Los nuevos destinos incluyen a Colombia, Panamá, Ecuador y Chile.

Este año también volvimos a reprobar tres materias fundamentales: escasez, inflación y devaluación.

Creo que como en Venezuela llevamos tantos años con inflaciones de 25% (en los años buenos) y ajustes salariales que intentan compensarlo, lo más desagradable a estar alturas es no conseguir hacer la compra de lo que necesitas (no de lo que quieres) de manera normal. Escasean demasiados productos. El concepto de marca se perdió en muchos rubros. Cambiamos nuestra compra semanal o quincenal de nuestros productos favoritos por visitas diarias a cualquier comercio a hacer una cola por lo que haya, sea cual sea la marca y la presentación.

Por ejemplo, durante un mes hay una escasez aguda de leche pasteurizada y de pronto, durante una o dos semanas, los supermercados son bombardeados por presentaciones desconocidas de leches de Perú, Ecuador o Nicaragua. Todo el mundo, cuando puede, compra todo lo que puede de los bienes escasos, en consecuencia, es difícil sufrir escasez absoluta pero lo cierto del caso es que abastecerse de comida y productos básicos se ha vuelto un sinvivir. Como sólo exportamos petróleo e importamos todo lo demás y desde hace 2 años, los dólares que entran dejaron de alcanzar, hay carencia de todo: comida, productos de higiene, repuestos, electrodomésticos, electrónica, línea blanca, pasajes internacionales, medicinas, ropa y calzado y casi todos los productos.

El valor del dólar subió oficialmente al legalizar dos nuevos tipos de cambio: desde Bs. 6,30 a Bs. 10 para unas necesidades y a Bs. 50, para otras. El cambio extraoficial explotó, pasando de Bs. 70 a Bs. 170 durante el 2014. Estos 4 tipos de cambio: 6,30, 10, 50 y 170 generan un remolino que ha generado incoherencias y desequilibrios difíciles de explicar y mucho más difíciles de asimilar. Los activos más importantes de una familia: vivienda y vehículo, se transan a tasa libre (170). Medicinas, los rubros alimenticios más básicos y varios servicios públicos a la menor tasa (6,30). Muchos de los otros bienes a cualquier valor en medio de los dos extremos. La gasolina sigue tirada, sin embargo, la inflación anual parece estar montada en 75% (si algún día vuelven a publicarla, ya que ha estado escondida casi todo el año). 

El pulso político fue variable a lo largo del año. En los primeros meses, una ola de protestas recorrió el país y movilizó a la sociedad opositora bajo el mando de organizaciones estudiantiles de las principales universidades. La frustración e indignación ante un gobierno terco y sordo se transformó en protestas que recibieron una respuesta brutalmente represiva que transformó la rabia en violencia y que se saldó con 50 muertos y centenares de presos, algunos de los cuales aun no recuperan su libertad. Las menciones especiales de los caídos políticos son por ahora, para Leopoldo López, el líder nacional, dos Alcaldes y la exdiputado María Corina Machado (destituida y apartada de la Asamblea por la mayoría oficial). El 2014 cierra con un aparente “control total” del gobierno. Acaban de llenar las vacantes del poder ciudadano, moral y electoral de acuerdo con sus planes y desconociendo una vez más la constitución y el balance democrático. La imagen internacional del gobierno comenzó a mostrar sus contradicciones y la revolución ha perdido brillo y fuerza, sin embargo, internamente, la falta de estatura política y cohesión de la oposición y la confiscación de medios y recursos públicos por parte del gobierno han dificultado consolidar una opción que le dé cuerpo al descontento y la esperanza.

Justo en el último trimestre, los precios del petróleo se desplomaron. Eso hará que los ingresos en divisas, en principio, se reduzcan a la mitad porque venimos de varios años a 100 dólares el barril y justo ahora lo vendemos o lo transamos a 50.

Luego de este repaso de las terribles cotidianidades que nos castigaron este año, llega el turno de imaginar el 2015 que comienza en menos de 1 semana. Predecirlo a partir del 2014 y el 2013, nos encuentra con 4 variables diferentes:

• 2015 es un año electoral y 2014 no lo fue (uno de esos pocos y extraños años)
• 2013 cerró con un barril promedio de casi 100 dólares y se proyectaba un 2014 igual pero está cerrando con un promedio de 90 dólares y se ha proyectado un 2015 a 60 dólares (un 40% menos de ingresos externos)
• 2013 cerró con un dólar extraoficial de Bs. 40 y en 2014 promedió 120 Bs. por dólar (el Bolívar perdió dos tercios de su valor en 2014)
• 2013 cerró con crecimiento cercano a 1,5% y, aparentemente, en 2014 estamos en recesión

Ahora bien, ante las elecciones, un gobierno chavista seguirá intentando vender ilusiones a sus seguidores, mientras que hacia los adversarios promoverá la abstención con todas sus fuerzas y estrategias, buscando que los resultados los definan los circuitos a la medida y el clientelismo. 

Entonces, ¿cómo luce el 2015?

Para ser muy breve, la inseguridad, la anarquía y la emigración continuarán igual o crecerán en este año nuevo.

En el terreno económico, es fácil predecir un año con peores indicadores: la inflación, la escasez, la devaluación y la recesión continuarán complicando la vida de los venezolanos. Si no se toman medidas, el año será el doble de malo que 2014. Sin devaluar oficialmente y sin subir el precio de la gasolina, no sólo habrá menos dólares, sino menos bolívares. Eso puede ayudar a contener la inflación, sin embargo, una mayor escasez será una oportunidad aun más apetitosa para el contrabando (que ya es la forma de vida para miles de venezolanos) y por allí se alimentará la devaluación y la inflación. En consecuencia, se puede pensar en una inflación de 80% pero no teniendo fondos para ajustar así el salario mínimo, es más o menos predecible que aumente el precio de la gasolina a 5 Bs. el litro y, seguramente, el cambio de 6,30 se unificará con el dólar de 10 bolívares y se irá deslizando en la medida que lo necesiten. Los rubros no prioritarios pasarán al dólar de 50 (que se podrá deslizar a 80) y el extraoficial seguirá creciendo al ritmo desenfrenado que lleva, pudiendo terminar 2015 por encima de los 300 bolívares. 

En fin, dos años muy malos en los que podría estar gestándose un nuevo cambio del control del estado y para quienes conocen y repasan la historia de Venezuela no sería descabellado intuir que el cambio podría ser color verde oliva.

domingo, 28 de septiembre de 2014

De 4,30 a cien mil

Ser optimista en Venezuela ha sido una tarea difícil en los últimos años pero desde 2011, más que difícil, para muchos, es una terca estupidez.

Esta semana, la devaluación del Bolívar ha marcado un pico histórico. En estos 31 años ha pasado de Bs. 4,30 por cada dólar a más de 100.000 bolívares de los viejos. Pero acortando el periodo, que es lo peor, desde agosto de 2012 al día de hoy, en sólo 25 meses, el valor de cambio ha pasado de Bs. 8.000 por dólar a los temibles 100.000 de este viernes pasado. Es una devaluación de once y medio veces, algo así como 1.200% (y ese porcentaje es muy difícil de comprender).

Este indicador habla de un descalabro mayor, quizá la devaluación más brutal de la que tenga conocimiento (al menos en el momento histórico actual). La repercusión es brutal porque los efectos se han estado sintiendo con mucha fuerza en el último par de años: escasez, inflación y emigración.

Más allá de los graves problemas cotidianos, esta devaluación impide a los jóvenes que intentan establecer su independencia, adquirir un vehículo y mucho menos una vivienda, dos hitos básicos.

También esta semana oía del presidente de la cámara de industriales de productos para el hogar que el gobierno ha hecho un gran esfuerzo por cambiarle los dólares requeridos y aligerar los trámites, las plantas están produciendo casi a máxima capacidad pero el desabastecimiento continúa. El gobierno trata de aguantar y entregar dólares baratos sin embargo, el desequilibrio es tan brutal que las importaciones y la poca producción se diluyen hacia el contrabando de extracción como es lógico y predecible. Nuestros detergentes, jabones y pastas de diente terminan en Colombia o Brasil donde se venden a 10 veces el valor venezolano.

Pero por ahora la estrategia del gobierno se sigue pareciendo a la de la entonces decadente corona española en el siglo 18 cuando le entregó el país a la compañía guipuzcoana para acabar con el contrabando y garantizar el control del precio del cacao. Ni funcionó entonces, ni funcionará ahora.

Esto aguantará hasta el momento en que la gente común diga ya basta o cuando los acreedores internacionales, al no cobrar sus cuotas, armen el gran zaperoco. ¿Cuánto falta? ¿Un año, dos? No más.

Lo que viene es más o menos predecible. Una nueva moneda para un nuevo sistema de control (pero en este caso para el gobierno). Dolarización, caja de cambio o algo por el estilo. Un país disciplinado que gaste sólo lo que es capaz de producir. Quizá parte de los cambios económicos que necesita este país desde hace muchos años. Endeudar el petróleo a futuro con China y otros clientes ha sido un delito pero quizá un delito que nos obligará a repensar nuestro futuro y nos anime, de una vez por todas, a dar un vuelco, esta vez, en el sentido correcto.

miércoles, 23 de julio de 2014

"Mis" Panaderías - 2014

Es ésta una nueva edición de una entrada previa sobre recomendaciones de panes, dulces y productos propios de panaderías y pastelerías que puedes conseguir en Caracas. Primero voy con 3 nuevas recomendaciones y luego revisaré las de 2012.

Las novedades al día de hoy, son las siguientes:

  1. Panadería Rocarena. Es la panadería de una familia portuguesa que toda junta está volcada al negocio del pan en la avenida principal de Santa Cecilia (La Carlota), frente a la rambla donde se juega dominó y cartas en 3 mesitas desde la mañana hasta las 8 y media de la noche, todos los días. La panadería está en un local más bien pequeño y que fue remodelado seguramente hace más de 20 años que, aunque no tiene el glamour de los nuevos templos del pan en Caracas, sí que tiene abundante y destacada producción propia. Voy a recomendar especialmente los pastelitos/empanadas de carne molida en las mañanas, los trozos de pizzas margarita con jamón y champiñones que desfilan sin parar en las tardes (se compran por cuadros) y los cachitos de “pavo y paisa” con ajonjolí (todo el día). El local siempre está lleno, lo que obliga a hacer fila para pedir, para comer y para pagar
  2. La Trufa. Es una pastelería que está ubicada en el casco central de Chacao, diagonal al nuevo Mercado Municipal. Es un local pequeño y no muy vistoso que siempre está repleto de comensales buscando postre después de almuerzo o el cafecito y el dulcito de la tarde. De este sitio tengo que recomendar tres productos más bien secos: los mini-croissants de chocolate, las langostas de Nutela y los panques marmoleados (para llevar a casa). Abundan los dulcitos y las típicas tortas de cumpleaños que se venden sin parar y aunque tienen calidad superior al promedio, son las típicas recetas de cualquier otra pastelería caraqueña-
  3. Panadería El Solar de La Guairita. Es una panadería relativamente nueva que queda en la carretera que termina en el Cementerio del Este, bajando hacia el cementerio, en la acera de la derecha y antes de cruzar el puente. Aunque sólo he parado tres veces por allí, voy a recomendarte el pastelito de queso Palmizulia con jamón. Los croissants solos son de muy buen ver (no los he probado), al igual que los mini-pastelitos de manzana que colocan en una esquina de la barra de café. A juzgar por los comensales habituales, estos dos últimos productos tienen un tumbao que los hace favoritos.

Sobre las recomendaciones de 2012, actualizo con los siguientes comentarios:

  1. Sigue mandando el pan Jalá de Rey David en Los Palos Grandes que se hornea sólo los viernes en la tarde
  2. Se mantiene la torta Rey David en La Boulangerie pero no así la caracola de chocolate que ha venido perdiendo a medida que ha ido cambiando el chef pastelero (el precio si ha seguido creciendo)
  3. El pan, las tejas de almendras, los golfeados y los dulces de coco de Punta del Sol en la parte alta de Santa Eduviges, siguen siendo muy recomendables
  4. De la italinísima Aida, para desayunar en los Palos Grandes, el cachito de jamón y queso espolvoreado con queso parmesano sigue ahí. La gente también habla con mucho gusto de su danesa o caracola de frutas
  5. Todos los exclusivos cachitos de La Flor de Altamira (frente a la Clínica El Ávila). Varios con queso Kraft y uno Alemán, con salchicha. También su torta de queso y dos o tres variedades de pan gourmet (con hierbas y con queso)
  6. Casi todo lo que prepara Danubio es recomendable pero sigo manteniendo un plus para el brownie, el tresleches, la marquesa de chocolate, el pastel de queso crema con guayaba y el pastelito salado de ricota
  7. Por la crisis de las importaciones ha disminuido el inventario de harina de trigo y, por consiguiente, las variedades de pan que se hornean Caracas. En general, se ha hecho difícil conseguir la oferta y la calidad de hace meses, sin embargo, a veces se consigue buen pan Gallego en: La Rosita (Las Delicias de Sabana Grande), Los Nietos (En Altamira), Punta del Sol (Santa Eduvigis), Coimbra (Montecristo) y la Elice (en Chacao en la calle del mismo nombre casi llegando a la Av. Libertador). Esta última panadería se añade a la lista porque este pan es el que sirven con éxito en no pocos comederos de Chacao.
Como siempre, ¡Bienvenidas tus sugerencias!

sábado, 19 de julio de 2014

Los meses que vienen en Venezuela

Al tratar de ponerme en los zapatos del gobierno y pensar en cómo mejorar la situación actual pero sin cambiar el rumbo de su socialismo del siglo 21 (como lo pide y augura a gritos media Venezuela), veo muy probable que se intenten las siguientes medidas:

Buscar fondos en dólares de manera inmediata. Es indudable que hay compromisos y presiones que no los deben dejar ni pensar. Aunque lo de los dólares para las líneas aéreas es muy mediático, probablemente no está en el tope de las prioridades de este gobierno. Seguramente los sectores alimentos, salud y economía productiva van primero. En este sentido, nuestras reservas petroleras siguen siendo un excelente aval y el destino de los fondos que se puedan obtener por créditos rápidos irían en primer lugar a estos sectores. Ya hemos visto algo de movimiento desde CITGO y, hace unas semanas con Rusia y China. Es muy probable que los prestamistas estén exigiendo que se controle la corrupción con el control de cambio y de allí los anuncios de reingeniería del gobierno, auditoría y unificación cambiaria.
Entorpecer la corrupción en la asignación de dólares. Lamentablemente, la corrupción es un anti-valor de mucho arraigo en nuestra cultura-país y bajo este modelo político y económico en el que el fin justifica los medios, la corrupción ha sido considerada un mal necesario y hasta aconsejable para mantener lealtades. Sin embargo, el festín está resultando tan bochornoso y público y la crisis tan aguda que aunque resulte imposible parar en seco esta sangría, un profundo cambio de actores y procesos se debe estar pensando como una manera de bajar durante los próximos meses el tráfico de asignaciones de dólares que terminan alimentando el mercado negro. Hasta me atrevería a pensar que le den mayor protagonismo en el proceso de subasta a la banca privada a la que podrían mantener amenazada y sería más susceptible de hacer las cosas más transparentes en comparación con funcionarios de confianza pero con muy malas mañas.
Reingeniería del gobierno. Seguramente, por primera vez en 15 años veremos una gran movida de mata. No tan profunda como se podría imaginar un opositor pero sin duda alguna, los preavisos que ya se han dado a esta revisión, buscarán romper algunas de las mafias, reorganizar áreas totalmente inoperantes, re-balancear los nuevos poderes dentro del PSUV y permitir que algunas caras nuevas puedan echar por la borda algunas políticas y algunas viejas medidas. Todo esto se traduciría en confianza para nuestros prestamistas rusos y chinos.
Aumentar algunos gastos sociales. Para mantener sintonía con la percepción que se tiene de la gestión Chávez y seguir cosechando esos apoyos clientelares y populistas que tantos réditos han rendido en todos estos años, seguramente se relanzarán misiones y se les harán asignaciones para reflotarlas y seguir usándolas como bandera social.
Recortar gastos no sociales. Aunque el SICAD II debe estar permitiendo ingresar entre 5 y 9 veces más bolívares que el SICAD I y CENCOEX, no controlar este aumento de liquidez se traduce de inmediato en más inflación y esa barajita ya la tenemos suficientemente repetida. De allí que seguramente se impongan algunos recortes en áreas de gasto e inversión en bolívares que no tengan impacto inmediato en la popularidad del ya golpeado gobierno de Maduro.
Sustituir algunas importaciones. Veo muy probable que un porcentaje de los créditos que se están pidiendo terminen convirtiéndose en empresas mixtas que se creen en Venezuela y tengan como objetivo la sustitución de algunas importaciones. No me extrañaría que abran estas empresas a la participación privada de las más emblemáticas y capaces empresas venezolanas. Sería algo así como copiar parte del modelo chino en lo económico cuyo primer objetivo sea la cobertura del consumo interno. 

¿Son estas las medidas necesarias para enderezar el destino del país? Aunque algunas ayudarán, lo más seguro es que no lo logren porque el cambio debe ser profundo, de raíz y eso sería echar por tierra 10 años de hartos controles. Sin embargo, creo que estas medidas si se toman oportunamente y de manera conexa le dan al gobierno la mejoría de algunos indicadores y más de tiempo mientras (pensarán ellos) PDVSA logra producir y vender más petróleo para volver al estado de 2006-2009. Por otra parte, algunas de estas medidas podrían ayudar a que la unificación cambiaria tenga algún sentido y permita un tipo de cambio en torno a 18 y, seguramente, un dólar paralelo en torno a 40. Esto último va a requerir algunas medidas fiscales que desinflen la liquidez: encaje legal, impuestos a algunas transacciones y ajustes a tarifas de los servicios básicos y de la gasolina.

sábado, 14 de junio de 2014

Sin valores, miseria

Mis primeros contactos con el socialismo ocurren desprevenidamente durante mi infancia. Venezuela en democracia desde 1958, había decidido alejarse del comunismo para abrazar la socialdemocracia. Mis primeros recuerdos de lo político están llenos de mensajes que incluyen pueblo, sindicatos, clase obrera, pleno empleo, educación y salud para el pueblo, pacto social, control de precios, dignidad cubana y más. Son los 70s. Venezuela se dedicó a construir un estado poderoso que se apropiara de nuestras riquezas energéticas y minerales que "hasta entonces se iban al imperio por unas monedas". El estado creció para encargarse de casi todos los aspectos de nuestras vidas, desde salud, educación y defensa hasta líneas aéreas, navieras, hipódromos, bancos, hoteles, teatros y todo tipo de empresas.

Más tarde, ya en la universidad, cuando en un curso básico de Estudios Sociales analizamos tendencias políticas, como a tantos, me entusiasmó la utopía. Terminando la ingeniería a finales de los 80s, compartí de cerca con comunistas comprometidos hasta que decidí no asumir esa manera de construir el futuro bueno por considerarla inviable, anti-natura y fracasada en la práctica porque ya, en 1990, había generado más daño que bienestar.

Hasta 1983, tirando del petróleo, el estado venezolano creció pero se endeudó tanto que no tenía para pagar sus compromisos cuando cayeron los precios. Comenzó una crisis en 1983 que aun continúa. Se inició un ciclo de inflación y devaluación que no ha parado en 30 años y que en los 90s, cuando las vacas menguaron más, nos hizo privatizar, atraer inversiones extranjeras y renegociar deudas. A comienzos de este siglo regresaron los altos precios petroleros y el socialismo del siglo 21 para lanzar el péndulo de nuevo hacia la misma dirección de los 70s, pero esta vez, más hacia la izquierda.

Con un estado dueño y señor del petróleo, y en un país con 3,5 millones de familias pobres (de un total de 5 millones) fue fácil enganchar al ofrecer justicia y bienestar automático para los más pobres, prometiendo arrebatar la abundancia mal habida al restante millón y medio. Fue rentable vender que lo más pobres lo eran porque los otros, junto a los gobiernos de turno y el imperio, habían construido una burguesía corrupta, pestilente, explotadora e insensible que había sometido sistemáticamente a través de la exclusión. Mal diagnóstico y medias verdades. Mal arranque.

Con la pobreza enfermando a más de la mitad del país, el socialismo del siglo 21 (aprovechando el subidón del petróleo que aun persiste), comenzó una enorme transformación que ha incluido: cambios de todos los nombres y símbolos del país y una supuesta progresiva aniquilación del modelo capitalista para dar paso a una forma social, comunal, planificada y controlada de construir y vivir para el venezolano nuevo. Esta revolución ha incluido: reversión de las privatizaciones, restricción de libertades económicas, expropiaciones de fincas, viviendas y empresas, transformación del sistema político y del electoral, transformación del sistema de salud y del de educación, satanización de las políticas represivas por considerar la delincuencia como una desafortunada consecuencia del capitalismo, control de todos los medios de comunicación, control de la cultura, construcción de una red pública de distribución de alimentos y cientos de otras iniciativas socialistas.


Luego de 15 años, esta es una comparativa de algunos indicadores de Venezuela tomados de páginas oficiales:

















Pero en 40 años, sin importar el ángulo de nuestro péndulo, hemos construido una cultura dentro de la cual, el respeto, la honestidad, la planificación, la paciencia y el bien común no valen para nada.

Luego de 48 años, sin dudas me ubico al Centro. Confío en que un equilibrio entre libertades e igualdad, entre iniciativa individual y solidaridad y entre incentivos e impuestos, es la mejor manera de construir el mejor futuro para una sociedad como la nuestra, siempre y cuando nos decidamos a sembrar y cultivar el respeto, la honestidad y la planificación como valores básicos. A este punto, estoy más que curado de utopías. Necesitamos terminar de entrar en el siglo 21 y desarrollar nuestros potenciales en el presente para construir el mejor futuro posible.