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domingo, 26 de noviembre de 2017

Ay Caracas... ¿qué veo?

Luego de llevar seis semanas de peatón por Caracas, esperando mientras reparan el carro, quise escribir mis impresiones (las menos atractivas) sobre lo que estoy viendo en la calle en estos días. Todo lo que describiré más abajo, lo he visto caminando desde Los Ruices hasta Chacao, otrora un municipio emblema de modernidad y abundancia, con varios premios mundiales. 

Para todos los que aun viven en Venezuela y que caminan las calles, no habrá ninguna novedad en los siguientes párrafos, así que lo escribí para los que dejaron la ciudad en los últimos años o para los que ya no la caminan. Como Yang, también escribí otra nota, con algunos detalles cotidianos que aun siguen haciendo de Caracas, un sitio especial.

¿Qué veo?
  1. Veo aceras sucias, que las barren de cuando en cuando, que huelen mal y que están plagadas de las urgencias de los perros pero también de las de sus dueños, los que viven en la calle y que se reconocen porque atraen más moscas grandes y verdes.
  2. Veo y desvío montones de bolsas y bolsitas de basura, de portal en portal, colocadas en el camino y sueltas porque casi toda la ciudad carece de contenedores. Antes esperaban al camión cerradas, pero ahora son minas para uno, para cinco o para diez que se alegran cuando descubren algo que se pueda comer o cocinar, cuando descubren un viejo par de zapatos que puede seguir andando un poco más o una franela más limpia que la puesta. En una ocasión vi a uno de estos mineros del hambre, disputando los huesos de un pollo en brasas con un perro (esa vez ganó el humano).
  3. Si es viernes, veo a 20 o 30 ancianos muy acabados, esperando desde las 6am hasta el mediodía, por un almuerzo que les servirá una iglesia. Están sentados en el piso, hablando, compartiendo un periódico y esperando seis horas sin abandonar el turno para su comida más caliente y completa de toda la semana.
  4. Veo, frente a algunos comercios, motocicletas estacionadas sobre la acera, que al impedir el paso, obligan a caminar por la calle para bordearlas. Sus dueños han aprendido a dejarlas a la vista mientras hacen su diligencia. Si las estacionaran donde no estorben, seguramente no las volverían a ver.
  5. Veo comercios cerrados o que cambiaron de ramo y los que siguen abiertos son tan pobres y de vitrinas tan magras, que sólo muestran las repisas con 2 o 3 productos mal puestos, dentro de locales desgastados y aburridos y que con frecuencia cuelgan carteles improvisados, escritos en la tapa de una caja de cartón, para avisar que “No funciona el punto de venta. Sólo efectivo” 
  6. Veo una fila de 20 personas en cada cajero automático, esperando para retirar cinco mil Bolívares en billetes. Si no hay fila, es porque el cajero no funciona. Los que viven en las afueras (Guatire, Guarenas o La Guaira) y tienen que pagar el autobús de ida y de vuelta en efectivo, harán 2 o 3 colas como esa cada día y han tomado la precaución de mantener cuentas en dos o tres bancos para poder retirar los cinco mil diarios de cada una.
  7. Veo unas 80 personas amontonadas frente a un abasto, más mujeres que hombres, discutiendo, tratando de armar y desarmar el orden de una fila para  comprar. Se gritan, se insultan y se amenazan esperando detrás de la reja que bloquea la entrada al comercio. Con suerte, un día cualquiera de algunas semanas, llegará algún producto regulado. Ese día sólo pocos comprarán a través de la reja, en efectivo y sin bolsa. Los afortunados salen a comprar (¿cazar?) en pareja: mientras uno hace la cola, el otro espera con un bolso en el que irán guardando la mercancía. Esas personas no son vecinos de la zona, vienen de los barrios más pobres. Unos mayores, otros más jóvenes y agresivos. Los primeros buscando para comer y los otros comprando para revender. Estos últimos son la nueva casta del comercio informal venezolano: los bachaqueros.
  8. Justo al lado de ese comercio, veo otra fila perenne de unas diez personas frente a una taquilla pequeñita. Se trata de una de las modas del 2017: “los animalitos”. Es la re-edición de una vieja lotería de pueblo, en la que en cada jugada (y hay como 5 o 6 cada día), se puede apostar entre 32 animales de una ruleta. Cuando se acierta, pagan 300.000 bolívares por cada 1.000 que se apuestan y como dicen los apostadores, “con 1.000 no se compra nada pero 300.000 te salvan la semana”. Lo difícil es limitarse a gastar solo mil por semana, aunque te ganes los trescientos de vez en cuando, porque en cada apuesta hay una oportunidad de 32 para ganar, pero hay 31 para perder.
  9. Veo moto-taxistas con chalecos desteñidos y sucios a los que se les borró buena parte del nombre de la cooperativa que los mandó a confeccionar o grabar en 2010. Llevan siempre dos cascos sucios y viejos que recuerdan aquella expresión de “más esperolao que pocillo e´loco”
  10. Veo mujeres que en 2 minutos de conversación se dicen “marica” unas treinta veces. Son las hijas y las nietas de las que se decían “mana” y “comadre”. En Caracas ya sólo se habla malandro.
  11. Veo carros accidentados, uno o dos por kilómetro. Inclinado sobre el motor, veo al dueño haciendo la magia que ha aprendido en los últimos años para seguir rodando un día más
  12. Veo filas enormes en las paradas esperando por una buseta vieja y destartalada que parece que nunca llega. Veo que algunos, que cada día son más, desisten y se van andando.
  13. Veo la entrada a una estación del Metro, esas que hace 35 años nos hacían creer que estábamos caminando al desarrollo. Veo buhoneros que ofrecen café y cigarros, hasta cinco a la vez y que vocean sin parar y a todo pulmón la letanía del “Cafeeeeé… café y cigarros”. A un lado de la entrada, en una esquinita, uno de los vendedores se arrincona para mear.
  14. Veo una estación bastante sucia aunque la barren varias veces al día, caliente como buen sótano de trópico porque el aire acondicionado dejó de funcionar hace años, con trozos de pared que han perdido las baldosas y muestran un friso que se secó en 1980. En la taquilla no hay nadie. La entrada es franca. En ésta, ya no es necesario comprar boleto para viajar. 
  15. Veo buhoneros y mendigos, uno tras otro, que atraviesan el tren repleto de pasajeros, incluso en sillas de ruedas. Unos vendiendo y otros pidiendo, todos bendiciendo (o amenazando entre líneas) y veo a muchos más pasajeros que lo que cabría suponer, comprando y ayudando con “lo que pueda”, sin importar que la mujer de los parlantes se esté quedando afónica de tanto exhortar a que no se les apoye, incluso advirtiendo que el dinero terminará en el negocio de la droga. Remata el exhorto con un “El cambio está en ti” que muy pocos quieren o pueden entender.
  16. Veo caras largas, de gente que por ir sola y pensativa, luce triste, preocupada o asustada, y son más largas las de las pieles más arrugadas.  Cuando veo a un grupo de jóvenes, la camaradería y el buen humor del venezolano siguen allí, aparentemente intactos.
  17. Veo mujeres que debieron haber vuelto a teñir sus cabellos hace 3 meses.
  18. Veo trabajadores calzando zapatos de dos pares diferentes y veo dos viejos conocidos que se saludan. Cuando el primero le dice “buenos días, mi comandante” el otro le responde “comandante el coñoetumadre”, “el chavista eres tú y, además, loco porque te gusta pagar un café grande en 10 mil y un kilo´e queso en 100 mil”
  19. Al llegar a la estación de Chacao, veo a un grupo de niños y de adolescentes de la calle, descalzos, llenos de cicatrices de la cabeza a los pies y sin bañarse desde hace por lo menos una semana, reuniendo sobre un banco unos tomates casi podridos, una rama de perejil y una docena de ajíes dulces para la sopa de más tarde. Los más pequeños, de menos de diez años, juegan con dos perros mestizos que son los guardianes de un edificio público que quedó a medio construir. Ahora es un improvisado depósito oficial y la extensión del estacionamiento de un ministerio que queda cerca de allí
  20. También veo a una pareja que vive en la estación desde hace 6 meses. Deben tener treinta y muy pocos y junto a otras parejas duermen y viven bajo el techo de una de las entradas. Ella está embarazada y va a parir en diciembre. Ya tienen una niña de 2 años, hermosa y extrovertida, de rulos rubios recogidos por dos colitas rojas combinadas con los zapaticos. La niña baila al ritmo de un tambor que suena en un ensayo de la escuela que está detrás de la estación. Algunos nos detenemos a verla balancearse aunque ella no se dé cuenta y cuando para el tambor, se queda en vilo por unos segundos, se voltea hacia la mamá y le dice con una sonrisa y poniendo sus manitos en la cintura,  “sha cabó”.


sábado, 26 de noviembre de 2016

El golfeado en la historia de Caracas

El golfeado es un insigne y típico dulce venezolano. Es un enrollado de pan de cinco vueltas, inspirado en las caracolas españolas o los rollos daneses aunque es una muestra concreta de nuestra costumbre de mezclar lo dulce con lo salado. Está bañado de “papelón” con pequeños trozos de queso blanco duro y salado y además se puede coronar con una rodaja del queso blanco suave que en Venezuela se conoce con el nombre de “queso de mano”.

Aunque la biografía de tan famoso dulce no es precisa, porque varias personas y zonas de Caracas reclaman la autoría, la mayoría de los cuentos de su génesis coinciden en las primeras décadas del siglo XX y en la gran Caracas (la capital de Venezuela y su periferia). Desde que empezó a salir de aquellos primeros hornos de leña, su receta fue copiada y se extendió con fruición y, posiblemente, aunque lo que sigue no cuenta la historia del primer golfeado, si muestra un punto de inflexión en su camino a la fama.

En los años treinta del siglo pasado, la Panadería Sucre de Los Dos Caminos, fundada en 1912 como una pulpería y ubicada al este de Caracas en la bifurcación que entonces permitía salir de la ciudad hacia los estados orientales (la actual avenida Rómulo Gallegos) o seguir hacia el pueblo de Petare (la actual avenida Francisco de Miranda), marcó un antes y un después en la historia de este dulce.

A pesar de que la ciudad de Los Teques y el pueblo de Petare reclaman la autoría del golfeado, dicen que la fama de los horneados en aquella panadería atrajo la atención del todopoderoso caudillo Juan Vicente Gómez, quien se trasladó hasta Los Dos Caminos para comprobar la veracidad de lo que tanto se hablaba en la capital. El visto bueno y los halagos del presidente venezolano catapultaron al golfeado y a aquella panadería a su fama definitiva.

Aunque la panadería sigue abierta con el nombre de La Amistad y queda justo al lado de una moderna torre empresarial y al frente de un centro comercial con una de las arquitecturas más vanguardistas del país, sigue manteniendo el aspecto y el aire de un local rural de hace casi un siglo. Después de conocer esta historia y visitarla, es fácil imaginar el revuelo que generaron Gómez y sus acompañantes aquel día de 1930 en que decidieron probar una delicia que se convirtió para siempre en una de las piezas claves de la bollería venezolana.

miércoles, 23 de julio de 2014

"Mis" Panaderías - 2014

Es ésta una nueva edición de una entrada previa sobre recomendaciones de panes, dulces y productos propios de panaderías y pastelerías que puedes conseguir en Caracas. Primero voy con 3 nuevas recomendaciones y luego revisaré las de 2012.

Las novedades al día de hoy, son las siguientes:

  1. Panadería Rocarena. Es la panadería de una familia portuguesa que toda junta está volcada al negocio del pan en la avenida principal de Santa Cecilia (La Carlota), frente a la rambla donde se juega dominó y cartas en 3 mesitas desde la mañana hasta las 8 y media de la noche, todos los días. La panadería está en un local más bien pequeño y que fue remodelado seguramente hace más de 20 años que, aunque no tiene el glamour de los nuevos templos del pan en Caracas, sí que tiene abundante y destacada producción propia. Voy a recomendar especialmente los pastelitos/empanadas de carne molida en las mañanas, los trozos de pizzas margarita con jamón y champiñones que desfilan sin parar en las tardes (se compran por cuadros) y los cachitos de “pavo y paisa” con ajonjolí (todo el día). El local siempre está lleno, lo que obliga a hacer fila para pedir, para comer y para pagar
  2. La Trufa. Es una pastelería que está ubicada en el casco central de Chacao, diagonal al nuevo Mercado Municipal. Es un local pequeño y no muy vistoso que siempre está repleto de comensales buscando postre después de almuerzo o el cafecito y el dulcito de la tarde. De este sitio tengo que recomendar tres productos más bien secos: los mini-croissants de chocolate, las langostas de Nutela y los panques marmoleados (para llevar a casa). Abundan los dulcitos y las típicas tortas de cumpleaños que se venden sin parar y aunque tienen calidad superior al promedio, son las típicas recetas de cualquier otra pastelería caraqueña-
  3. Panadería El Solar de La Guairita. Es una panadería relativamente nueva que queda en la carretera que termina en el Cementerio del Este, bajando hacia el cementerio, en la acera de la derecha y antes de cruzar el puente. Aunque sólo he parado tres veces por allí, voy a recomendarte el pastelito de queso Palmizulia con jamón. Los croissants solos son de muy buen ver (no los he probado), al igual que los mini-pastelitos de manzana que colocan en una esquina de la barra de café. A juzgar por los comensales habituales, estos dos últimos productos tienen un tumbao que los hace favoritos.

Sobre las recomendaciones de 2012, actualizo con los siguientes comentarios:

  1. Sigue mandando el pan Jalá de Rey David en Los Palos Grandes que se hornea sólo los viernes en la tarde
  2. Se mantiene la torta Rey David en La Boulangerie pero no así la caracola de chocolate que ha venido perdiendo a medida que ha ido cambiando el chef pastelero (el precio si ha seguido creciendo)
  3. El pan, las tejas de almendras, los golfeados y los dulces de coco de Punta del Sol en la parte alta de Santa Eduviges, siguen siendo muy recomendables
  4. De la italinísima Aida, para desayunar en los Palos Grandes, el cachito de jamón y queso espolvoreado con queso parmesano sigue ahí. La gente también habla con mucho gusto de su danesa o caracola de frutas
  5. Todos los exclusivos cachitos de La Flor de Altamira (frente a la Clínica El Ávila). Varios con queso Kraft y uno Alemán, con salchicha. También su torta de queso y dos o tres variedades de pan gourmet (con hierbas y con queso)
  6. Casi todo lo que prepara Danubio es recomendable pero sigo manteniendo un plus para el brownie, el tresleches, la marquesa de chocolate, el pastel de queso crema con guayaba y el pastelito salado de ricota
  7. Por la crisis de las importaciones ha disminuido el inventario de harina de trigo y, por consiguiente, las variedades de pan que se hornean Caracas. En general, se ha hecho difícil conseguir la oferta y la calidad de hace meses, sin embargo, a veces se consigue buen pan Gallego en: La Rosita (Las Delicias de Sabana Grande), Los Nietos (En Altamira), Punta del Sol (Santa Eduvigis), Coimbra (Montecristo) y la Elice (en Chacao en la calle del mismo nombre casi llegando a la Av. Libertador). Esta última panadería se añade a la lista porque este pan es el que sirven con éxito en no pocos comederos de Chacao.
Como siempre, ¡Bienvenidas tus sugerencias!

viernes, 18 de octubre de 2013

La parroquia Catedral

Al estar leyendo varios libros de la Venezuela del siglo 18 y 19, he tenido la curiosidad (y hasta el desespero) por andar las calles, plazas y casas (que aun le quedan a Caracas) sobre las que he estado disfrutando relatos de hace doscientos y tantos años. Eso me llevó a visitar la Plaza Bolívar de Caracas y sus alrededores.

Algunos caraqueños pensamos que lo prudente es mantenernos alejados porque al pensar en el “centro”, imaginamos desorden, buhonería y atracos.

Lo cierto del caso es que a pesar de que persisten focos de buhonería y de que la zona no está mantenida con el rigor que merecen su herencia y atractivo turístico, el ambiente del casto histórico está mucho mejor que hace 5 ó 10 años. Se nota un esfuerzo por mantener, restaurar, embellecer y promover. Tal esfuerzo sigue incompleto pero se disfrutan los avances.

El primer impacto es la cantidad de gente. Todas las manzanas que rodean a la Plaza Bolívar están repletas y mantienen un ambiente festivo, bullicioso, de compras, de paseo sabatino y aunque la mayoría de la gente es caraqueña, hay un porcentaje de visitantes nacionales y algunos turistas (alcance a oír conversando a tres argentinos y a una pareja de aventureros norteamericanos).

Creo que la experiencia es muy personal. Ser testigo de como se funden viviendas, templos y empedrados con 3 siglos de cuentos  con torres bancarias de hace 30 años o comercios de hace 60, genera un contraste que da cuenta del carácter desenfrenado del caraqueño.

Sólo al estar dentro de la casa natal de Bolívar, con los pies sobre la terracota, oliendo la humedad y la madera, viendo el cielo en los patios abiertos y admirando los grandes formatos de personajes y escenas de la época, es que logro despegarme del presente para viajar de las manos de Inés Quintero, Arraíz Lucca, Herrera Luque o Uslar Pietri.

Me resulta emocionante caminar las mismas calles que España, Miranda, Roscio, Bolívar, Bóves, Monteverde, Páez, Vargas y tantos y tantos personajes y me quedo en silencio frente a la esquina de Sociedad hasta que veo a María Antonia Bolívar saliendo de su casa, pasar frente a la pulpería y seguir, acompañada por 3 esclavos, hasta el tribunal de la Parroquia Catedral donde declarará en el juicio que se está llevando contra José Ignacio Padrón en 1836, el fabricante de peinetas.

En fin, que es todo un privilegio vivir en esta ciudad y tener todavía la oportunidad de compartir algunas de las calles, casas y plazas que forman parte de la historia grande del país y del continente.

Ésta, por supuesto, es una invitación para que cuando andes por Caracas, te acerques a la céntrica Parroquia Catedral.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Los Caracas o los Toromaymas

Ha sido todo un descubrimiento dominguero leer que al parecer Caracas no se corresponde con el nombre de ninguna de las tribus de aborígenes que poblaban nuestra ciudad. Los habitantes del valle del Guaire, cuando llegaron los primeros europeos, eran los toromaymas (aunque los mariches poblaban Petare y parte del río Tuy).

El vocablo caracas lo usaban los toromaymas para nombrar a una planta silvestre y rastrera de la que se alimentaban y a los españoles se les grabó de tanto que la mencionaban y comenzaron a llamarlos así, los caracas. 

El número de pobladores originarios del valle pudo haber oscilado entre 10 y 30 mil y defendieron con fuerza sus dominios, tanto que hicieron falta 5 expediciones españolas, entre 1555 y 1567, año en el que probablemente el 25 de julio, se logró fundar Santiago León de Caracas (sin que se guarde prueba escrita de la fecha exacta o del origen del nombre, del que hay, al menos, 2 teorías). 

La historia de las expediciones de Francisco Fajardo en Chuspa, Caraballeda y Tanaguarena, su parentesco con Naiguatá y finalmente la incursión de Diego de Losada que logró la ruptura de la unidad indígena con la muerte de Guaicaipuro (el cacique de los teques), son relatos fascinantes luego de más de 500 años.

En cualquier caso, la planta caraca podría ser la quinua o el amaranto, de la que dejo una foto de muestra.

Venezuela: 1498-1728. Conquista y urbanización, de Rafael Arráiz Lucca, un resumen histórico de los primeros 230 años que siguieron el hallazgo español de nuestras tierras que resulta imperdible para los que disfrutan leer historia e historias.

lunes, 1 de octubre de 2012

El Cordonazo de San Francisco



Caracas es un valle muy verde, a 900 metros sobre el mar Caribe que está 15 kilómetros al norte y bajando a través de una cadena montañosa que alcanza 2,8 kilómetros en su punto más alto.

La ciudad registra una temperatura anual promedio de 21° Celsius (la eterna primavera). Las temperaturas más bajas ocurren entre diciembre y abril (que rara vez bajan de 15°) y las más altas entre mayo y octubre (cuando muy extraordinariamente pasan de 25°). 

Suele llover alrededor de 105 días por año y el periodo de más lluvias va de mayo hasta octubre para dar paso a uno más seco, que levanta el polvo hasta abril del año siguiente.

Precisamente, alrededor de cada 4 de octubre, suele registrarse un accidente climático popularmente referido como El Cordonazo de San Francisco.  Es un fenómeno atmosférico caracterizado por una repentina lluvia tormentosa (que algunos años trae granizo), con una duración prolongada y fuertes descargas eléctricas y vientos. Popularmente suele narrarse como la tormenta en la que las nubes se estrellan contra la tierra hasta hacerla temblar.

Esta creencia se comparte en otras regiones como áreas de Colombia, México, Panamá, varias regiones de Brasil e incluso de África.

El Cordonazo "debe" ocurrir el día 4 de octubre (que es cuando la iglesia celebra a San Francisco de Asís) pero, puede adelantarse o demorarse hasta 4 días. Es decir, entre el día 1 y el 8 suele "padecerse", sin que esto sea un pronóstico riguroso. Para algunos, esta tormenta sólo marca el final de la temporada de lluvias pero para los creyentes o supersticiosos, es un castigo para los “malportaos” del año.

Lo cierto del caso que ha dado paso a una de esas tradiciones caraqueñas que se resiste a desaparecer y que en cada lluvia fuerte de octubre destapa más de una conversación que comienza más o menos así: "- ¿Y esto será el cordonazo...?".

sábado, 3 de marzo de 2012

El caracazo continúa activo 23 años después


Entre los años 50´s y principios de los 80´s del siglo pasado, Caracas pasó de ser una capital pequeña y con aires de pueblo, a ser la urbe más pujante de uno de los países con más fuerza y encantos de Latinoamérica.

Durante esos 30 años, de todas partes del país y del mundo, llegaron millones de nuevos vecinos. Por una parte, llegaron paisanos del campo, de la costa y de la provincia porque acá estaba el progreso. Y desde varios países europeos y de casi todos los países de América, llegaron millones para construir el mejor futuro.

De esta manera, Caracas iba estrenando grandes obras y facilidades. Así llegaron autopistas, teatros, clubes, museos, subterráneo, centros comerciales, iglesias, bulevares, discotecas, universidades, urbanizaciones, galerías, restaurantes, pleno empleo y modernidad a la par de que se iba cocinando una mezcla única de culturas. En Caracas, se diversificaron las opciones hasta hacerse una metrópoli, que a finales de los 70´s y principios de los 80´s podía presumir de encantos y oportunidades envidiables desde casi cualquier lugar del mundo.

Este crecimiento se acabó en los 80´s. El país y su economía entraron en una crisis que aun no se supera y después de transar una de las monedas más fuertes del mundo durante 3 décadas, el Bolívar, le han estado viendo desvanecerse.

Tristemente, en las faldas de las montañas y en los suburbios, también crecieron grandes barrios muy pobres, sin planificación, sin servicios y sin seguridad para ir amontonando a centenares de miles que no lograban superar sus pobrezas.

En 1989, a finales de febrero, la tragedia económica desencadenó el triste evento conocido como el caracazo. En histérica protesta a los ajustes de todos los precios, los pobres más indignados, los atrevidos y los irresponsables, salieron a las calles a embriagar la frustración por lo que se quería y no se tenía, y saquearon auto-mercados, farmacias, jugueterías y todo tipo de comercios. Al final del segundo día, bajo mandato civil, los militares canalizaron el saqueo hasta devolvernos al orden previo, no sin antes cambiar la rabia de centenares (o miles) de transeúntes por el silencio eterno. Las muertes del caracazo nunca se contaron oficialmente.

Luego de este arrebato popular, muchos de los saqueados y arruinados, mayoritariamente venidos de otras tierras, cambiaron de ramo y hasta regresaron. Por primera vez luego de varias décadas, el noble pueblo anfitrión, ahora con cara de perro rabioso, había perdido los estribos y dejaba la marca de su mordida en las nalgas de la clase media.

23 años después, el gobierno ha vuelto a celebrar el aniversario del caracazo por ser una de las inspiraciones de su “revolución”. Hace suya la energía  de esa turba saqueadora y con demagogia celebra un episodio de “lucha de clases” que aunque duró 2 días, quisiera sembrar para siempre entre los venezolanos.

Lamentablemente, corriendo el año 14 de “revolución”, el caracazo continúa activo, ahora, en forma de secuestros, de robos, de asesinatos, de expropiaciones y de anarquía generalizada. Es decir, que la rabia continúa igual pero se ha topado con alguien que la canaliza a su favor, que a ratos la enfría y que a ratos la provoca pero que, sobretodo, no ha logrado transformarla en riqueza y prosperidad como había prometido. Millones siguen aun amontonados en los mismos cerros de 1989 y en muchos otros que han seguido pariendo frustraciones en todo el país.

En años recientes, El Ávila ha sido la última imagen de Venezuela para casi 1 millón de vecinos, que cansados del saqueo y la intimidante impunidad, han desandado el camino de venida o han volado por vez primera a nuevos futuros definitivos.

Si efectivamente esta revolución estuviese siendo la mitad de exitosa de lo que cantan las propagandas, no tendríamos que lamentar 19.000 asesinatos cada año, ni tendríamos que seguir malviviendo con el peso de una inflación anual de 25%, ni El Ávila tendría que seguir oteando los aviones cargados de venezolanos que sólo compran boleto de ida.

Desde Caracas he sido testigo de esta realidad y siendo uno de los millones que debe su origen a esa magnífica mezcla de culturas que celebraba más arriba, estoy absolutamente convencido de que la potencialidad de nuestro país está muy por encima de estos desafortunados 30 años. Como yo y como tú, somos millones los que vivimos indignados con nuestro presente, casi desde siempre, y aunque lamentamos 30 años de irresponsabilidades, con optimismo seguimos aprendiendo, estamos despiertos trabajando mientras soñamos  y ya estamos listos para andar el verdadero camino de progreso que hemos estado construyendo desde la urbe más pujante de uno de los países con más fuerza y encantos de Latinoamérica. Amén.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Minuto 16

A pesar de ser un tipo bastante feliz, ocupado y optimista (así me siento), son muchas las veces que me pongo a dudar sobre si seguir mis planes en Venezuela o tomar el ejemplo de tantos amigos inteligentes, usar mi herencia europea e irme por nuevos proyectos a nuevos o viejos destinos. Un cambio de rumbo de este calibre, finalmente, sólo me distrae por 15 minutos seguidos y al minuto 16 ya me encuentro de nuevo en Caracas, revisando nuevas ideas o los objetivos más inmediatos, evaluando un nuevo proyecto, analizando los cambios del mercado o planificando cómo minimizar los riesgos de mi plan Vinotinto.

Así he vivido más de 15 años y aunque hay eventos casi diarios que me empujan a los 15 minutos europeos, por ahora, siempre llega ese minuto 16 con el aroma de un café de los Andes, el sabor del queso telita y la energía, el color y el calor de playa Corrales, de Arapo o de Pedro González.

Como creo que nos pasa a todos, con mucha frecuencia me encuentro justificando una y otra vez mis decisiones más importantes y buscando y lo que es mejor, encontrando las razones a lo que muchos de los amigos de afuera consideran una peligrosa terquedad: vivir en Caracas.

No puedo negar que hay sucesos de sucesos que me dejan sin muchos argumentos, sin embargo, no es menos cierto que estoy comenzando a ver prosperar una cantidad de cosechas que van cambiando las perspectivas de futuro de mi tierra. Como escribía en un tweet ayer, por sentirnos acorralados por esta guerra que vivimos no estamos escuchando la infinidad de melodías con que suenan tantos emprendimientos, orquestando una revolución cultural que está comenzando a vivir en Caracas y en Venezuela y que no tiene el color del tomate maduro.

Este año he comenzado a ver, escuchar y sentir (y cada día con más fuerza), un sinfín de cuentos de vida que son como una niebla creativa que ha empezado a perfumar nuestras calles, plazas, teatros, salones, casas y oficinas.

Desde Dudamel y todos sus amigos, pasando por cuartetos criollos, grupos de neo-folclor, Dj´s,  bandas de todos los géneros (rock, pop-rock, ska, reggae, etc.), decenas de excelentes micros y programas de radio con presentadores y periodistas de alto calibre, múltiples obras de teatro y algunos musicales están copando, a cada hora cada día, todos los teatros o salas disponibles (las tradicionales, algunas nuevas y hasta las de viejos colegios católicos de Caracas), varias nuevas películas de cine (premiadas en América y en Europa), más y más libros de autores venezolanos y ferias de todo tipo: del libro, de tecnología, de arte, de curiosidades, de vino, de música, de gastronomía, de jóvenes diseñadores, de muebles, de antigüedades, de orquídeas, de twitteros, etc.

La movida pasa también por la aparición de no menos de 10 revistas de moda, cultura, entretenimiento, historia, decoración, farándula, chismes, salud, deporte, política y sigue con presentaciones y espectáculos en vivo en múltiples bares y restaurantes de toda Caracas, shows de comediantes (solos o en grupo), monólogos, motivadores e inspiradores, astrólogos, cine al aire libre en calles y jardines y nuevos medios web como La Patilla o RunRun.

También, como el resto del mundo, vivimos un despertar de lo verde: asociaciones, ideas y proyectos de reciclaje y de conservación, jornadas de reforestación, micros en TV y cultivadores de comida orgánica. Quesos de cabra, paté, chocolates, tomates, hierbas, quesos madurados y frescos, pimentones injertados con berenjenas y más, mucho más. Brillan a diario los cocineros, unos adolescentes y otros consagrados. Encontramos escuelas de cocina por doquier y sitios y más sitios nuevos de comida, de té, de vino, de café y paro de contar.

La onda sigue, o mejor dicho, hace años que comenzó, con franquicias venezolanas de todo tipo y de todos los ramos. En esta Venezuela que tan destruida creemos, se estrenan varios nuevos centros comerciales por año en cada ciudad importante. Qué decir de las carreras y caminatas: en los últimos 5 meses, casi todos los sábados y domingos tenemos caminatas o carreras cortas con asistencias de 1.000 o más  personas a cada una: Nike, Locatel, Plumrose, Farmatodo, Gatorade, Caracas Rock, Sambil, de mascotas, de la familia y decenas de igual número de ONGs. En fin, el deporte y la salud han tomado nuestras calles y plazas.

Y hablando de salud y de belleza, han proliferado clínicas y spas en todo el país y hasta se está desarrollando el turismo asociado con tratamientos estéticos y de belleza (por ejemplo, en  Margarita). ¿Turismo en Venezuela? Ajá. Ahora encuentras cientos de posadas o casas de relax en todo el país, desde los sencillos bed&breakfast hasta casonas de lujo con todas las comodidades en el medio de una selva tropical, una playa perdida o una húmeda montaña.

No te quiero aburrir pero pudiera seguir escribiendo muchos más párrafos haciendo el recuento de todas esas nuevas actividades y emprendimientos que hablan de un país que renace con terquedad en el mismo momento en que está agonizando. Sólo en radio se escuchan tres o cuatro programas diarios destinados a dar a conocer estas iniciativas.

Por supuesto que no critico a los amigos y familiares que han usando el pasaporte para cambiar de domicilio porque también podría llenar páginas con las razones que los empujaron a emigrar y que siguen aquí, sin embargo, hago esta reseña positiva porque siento que esta nueva Venezuela terminará expropiando todas estas anarquías que nos han estado volviendo locos en los años recién pasados.

Mientras Venezuela se sigue reinventando a pesar de tener todo en su contra, espero que pronto mis 15 minutos de crisis los dedique a planificar  vacaciones en España, en Estados Unidos, en Costa Rica y Puerto Rico, en Suiza, en Panamá o en Australia, en Canadá, México o Argentina, en Chile, en Francia, en Brasil, en Portugal o en Colombia. En fin, en todos esos extraordinarios destinos donde se que se extraña el queso telita, las tajadas, el ají dulce, las hallacas o una cerveza bien fría a la orilla de la playa.

lunes, 16 de noviembre de 2009

¡Ay Caracas!


Hoy 16 de Noviembre, nos reportan que en Caracas hubo 40 asesinatos durante el fin de semana que terminó ayer. El pasado lunes, el 9/11, se reportaron 36. Eso promedia unos 2.000 asesinatos por año en la ciudad y la acción pública para enfrentar esta situación sigue sin convencer y lo que es peor, sin tener efectividad para reducir las terribles pérdidas.

Para quienes no la conocen, Caracas es un valle y, en consecuencia, esta rodeada por montañas en sus 4 costados. En la parte baja de este valle, se encuentra la ciudad “organizada”: las calles, las avenidas y autopistas, las plazas, el metro, los edificios, los comercios, las dependencias públicas, los parques, las universidades, las empresas, los teatros, etc. En muchas de las montañas que rodean el valle están los barrios, esas comunidades que nacieron y siguen creciendo con el orden que se han dado los pobladores que van ubicándose cada vez más hacia arriba (arriba en la montaña o arriba sobre la casa de la suegra). Una buena parte del costado norte es un parque nacional, El Ávila, en el que no hay ocupación o viviendas pero en la mayor parte del resto de las lomas, se construye de acuerdo con los caprichos del terreno y de acuerdo con la creatividad de los mismos pobladores-constructores. El transporte público formal llega hasta la parte baja de estos barrios y a partir de allí se ha ido generando una red de servicios (del sector privado local en la mayoría de los casos). La presencia del estado es mínima. Sólo en algunos barrios que están “consolidados”, es decir, que albergan a miles y miles de personas desde varios años, se pueden encontrar obras públicas: canchas deportivas, zonas para la recolección de basura, módulos de salud, albergues de alimentación o cuidado infantil, sin embargo, su presencia y alcances son muy limitados.

Si Caracas reúne a 6 millones de personas, se podría decir que la mitad de sus pobladores vive en la ciudad de una manera internacionalmente aceptable (por decirlo de alguna manera) y la otra mitad vive en estos barrios. Precisamente, a quienes viven en estos barrios, se les llama más recientemente "Los excluidos" y son el objetivo del discurso y la aparente acción de gobierno de turno. De manera general, los barrios acogen a los menos favorecidos de nuestra sociedad, a los más pobres (aunque hay excepciones). Los barrios albergan a muchos desempleados pero también a obreros de la construcción, empleadas domésticas, taxistas (con carro o con moto), dependientas de comercios, obreros de fábrica ligera, buhoneros, camareros, enfermeras, policías, mecánicos, albañiles, bomberos y muchas otras ocupaciones, pero en general, las que tienen los más bajos ingresos.

En vista de que la presencia pública es tan limitada, los barrios son territorios que albergan a múltiples bandas de crimen organizado y redes de tráfico de drogas. Allí vive otro mundo al que muchos no tenemos acceso y seguramente no queremos tener. En los barrios son terriblemente habituales: los enfrentamientos entre bandas por el control del tráfico de drogas y armas, el atraco a los pobladores a cualquier hora para despojarlos del poco efectivo que portan o de un celular, de los zapatos u otra pieza de ropa, duelos y venganzas e incluso, linchamientos de los delincuentes a manos de la comunidad frustrada y enfurecida.

En consecuencia, de los 38 asesinatos que están ocurriendo cada fin de semana en Caracas, podría proyectar que unos 35 ocurren en los barrios y los 3 restantes en la ciudad. Ahora bien, en vista de que el control y la seguridad de la ciudad es más pobre cada día, la anarquía se ha ido apoderando de todo el funcionamiento de Caracas y en los últimos años hemos visto como ha estado aumentando el radio de acción de la delincuencia. En lo que se consideran zonas céntricas, la acción del hampa es una pesadilla: robo de vehículos, atracos a mano armada, secuestros por horas mientas los familiares reúnen cierta cantidad, asaltos a casas y apartamentos y un sinfín de otros delitos que nos amargan la existencia y nos someten al encierro. Es decir, que la aparente diferencia del sentido de seguridad en la ciudad y en el barrio, está desapareciendo.

Terrible la realidad del caraqueño de arriba y del caraqueño de abajo. Cada día más igualdad para lo peor.

sábado, 12 de abril de 2008

Ideas para La Carlota de Caracas

Para este polémico y privilegiado espacio de la ciudad, propongo el diseño y la construcción del Centro de Convenciones de Caracas para albergar reuniones y eventos nacionales e internacionales de hasta 10.000 personas.

Un complejo con la tecnología más moderna y con un diseño emblemático que se convierte en la nueva imagen de Caracas y Venezuela ante el mundo y que combine:

.- Salas, salones y un teatro tipo Poliedro de Caracas
.- Hoteles (al menos unas 2.000 habitaciones)
.- 2 ó 3 Museos turísticos (Por ejemplo: El de Maravillas de la Geografía Venezolana, El de la Miss Venezuela o la Mujer Venezolana, El del Beisbol Venezolano, El de Grandes Venezolanos, etc.)
.- Todo ubicado dentro y sobre un área verde con una plaza central de uso múltiple
.- Restaurantes y servicios básicos (polícia, bomberos, primeros auxilios), tiendas de conveniencia, artesanías, arte venezolano, turismo, etc.

Además, lo diseñaría para que peatonalmente conecte toda esa zona de la ciudad de Norte a Sur y de Este a Oeste, de manera que puedas caminar parte de Caracas, sin la interrupción de la autopista.