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jueves, 13 de octubre de 2016

Se está rompiendo la cuerda

Escribo ya metido en el último trimestre de un año terrible para Venezuela: 2016.

Si bien el balance de las sensaciones del año nos invita a olvidarlo pronto, se hace indispensable que aprendamos a reconocer hasta dónde nos pueden llevar cuando le damos todo el poder a una parcialidad capaz de decidir y hacer tantas cosas torcidas a la vez. Pero 2016 no está sólo: 2014 fue malísimo y 2015 fue terrible, sólo que este año hemos corrido el maratón de las catástrofes.

A estas alturas del año, las esperanzas de que 2017 rompa este molde, siguen allí pero aun encerradas y aunque sabemos que podrían liberarse, aun no se pueden oler ni ver. Este año pasará a la historia, sin duda, sólo falta saber si como el año en que la inmensa mayoría del país sentó las bases para ejercer su derecho de cambiar de destino o si como el año en que una dictadura empeñada en que no quedara piedra sobre piedra, hizo sus últimos intentos por someternos.

De acuerdo con la más reciente encuesta pública de Venebarómetro, el gobierno de Maduro se ha convertido en una fábrica de opositores. A finales de 2015, justo antes de que la MUD se hiciera con la mayoría de la Asamblea, menos del 40% se auto-definía como opositor. Al día de hoy, ese porcentaje ha crecido hasta el 54% y eso no quiere decir que el resto del país es chavista porque sólo un 27,5% se define como tal, sino que el restante 19,5% aun se resiste a estar alineado con alguno de los dos polos.

Aun así, el 86,7% de los votantes probables en caso de que se celebre el referendo, revocaría a Maduro y a su gobierno, en contraste, el 12% quiere que siga hasta 2019. Es decir que la decisión de cambiar al gobierno se ha convertido en un anhelo nacional que por primera vez en varias décadas pone de acuerdo en algo trascendental a casi 9 de cada 10 venezolanos.

El líder favorito para un eventual nuevo gobierno que cambie el rumbo del país sigue siendo Leopoldo López. Le acompañan en preferencias, Henrique Capriles y Henry Ramos. Sin cerrar la pregunta, cuando se le pide a la gente que valore los liderazgos políticos más visibles, repiten en las tres primeras posiciones positivas, Capriles, López y Ramos, acompañados por Chávez, Henry Falcón, Aristóbulo, Maduro y Jorge Rodríguez, en orden descendente y con valoraciones negativas. El mayor rechazo lo genera Maduro, reprobado por el 72%.

Tres de cada diez chavistas tampoco quieren a Maduro. De allí que sólo cuente con el apoyo del 20% de la opinión pública (que aun me resulta un porcentaje inmenso para el desastre que ha protagonizado con su gestión). Hace unos días un analista con acceso a fuentes chavistas comentaba que ellos aseguran que dentro de ese 20%, hay un importante porcentaje que está dispuesto a dar la vida para defender a su gobierno y en parte por ello siguen obstaculizando con tanta altivez, cualquier salida que les excluya.

A finales de mes, protagonizaremos el siguiente capítulo del #Referendo2016 y aunque la mayoría de los entendidos piensan que es improbable que tal consulta se realice, su organización y avance continuarán metiendo presión al gobierno y es ésta la única forma de forzar un cambio , que se dará cuando tal presión rompa la unidad chavista (Militares, TSJ y CNE) que hasta ahora sigue sosteniendo al gobierno.

La crisis avanza y se transforma. Se reabrió la frontera con Colombia y momentáneamente, el gobierno se ha olvidado de los "precios justos" para algunos productos básicos importados que están apareciendo en los estantes de los comercios formales (azúcar, granos, pasta, aceite, arroz, etc.), por lo que la escasez le estaría cediendo su puesto a la inflación como principal problema del consumidor. 

El ajuste salarial  decretado en agosto, como siempre inconsulto y desconectado de los involucrados y sus realidades, ha vuelto a disparar una ya agobiante recesión inflacionaria que desde el andén está empujando a cada vez más venezolanos a las vías de una arrolladora e indetenible pobreza. La inseguridad ciudadana, la precariedad de los servicios públicos, la emigración de profesionales y emprendedores y el acoso judicial a la disidencia política terminan de configurar el momento más triste del país en más de medio siglo.

Faltando una fracción de trimestre para que lleguemos al 2017, hay varios contrastes con la fotografía de hace un año. Los gobiernos de Brasil y Argentina, los dos más grandes países de la región, ya no son chavistas y nuestra Asamblea y el 70% del electorado de Venezuela tampoco. Con más frecuencia, el gobierno de Maduro tiene que recurrir a tácticas cada vez menos democráticas para intentar mantener el control por lo que los apoyos internacionales se le están esfumando.

A pesar de que el precio del petróleo no se recupera, Maduro sigue sin ajustar ni un grado el rumbo. Ha estado evadiendo el Referendo y las elecciones regionales de Gobernadores, mientras la economía cae con fuerza por tercer año consecutivo. La inflación no oficial por lo menos duplica a la que se publicó en 2015 por lo que vamos a una híper-inflación “a paso de vencidos” y la escasez de productos básicos de alimentación, salud e higiene ya es un hecho distintivo de esta economía. La pobreza y el descontento crecen cada semana mientras el discurso oficial sigue sin modificar una sola frase.

Más allá del cómo, un repaso de la historia de las últimas décadas nos dice que esta situación ha comenzado a ser insostenible e irreversible y, más temprano que tarde, el cambio ha de llegar impulsado por las diligencias de los venezolanos que tenemos la tarea de reconstruirnos, esperando que sepamos aprovechar las lecciones de otras sociedades que salieron con bien de errores históricos de este misma tonalidad.

El tiempo sigue pasando y el que el desespero y la impotencia de la sociedad siga creciendo ante un pésimo gobierno que parece no tener fin, no significa que la cuerda que lo sostiene no esté a punto de romperse. Todo indica que la elasticidad se está acabando y aunque nunca lo van a reconocer, la cuenta regresiva para ellos, parece estar terminando.  

viernes, 24 de junio de 2016

El difícil camino del 1 al 20 y al 50%

A finales de abril de 2016, en sólo tres días y justo después de recibir el formato oficial de planilla de manos del CNE el 26 de abril, más de 2 millones y medio de venezolanos de los 24 estados del país, firmamos para cumplir el primer paso para que el CNE comprobase que hay necesidad de contar si hay 4 millones o más de electores que quieren convocar un referéndum revocatorio de los encargados del poder legislativo actual.

Al concluir la recolección de las firmas iniciales, la MUD revisó y filtró unas 200 mil planillas con cerca de 1.960.000 firmas y las entregó al CNE el 2 de mayo para que éste revisara y convocara la jornada a través de la cual comprobar la veracidad de las mismas. De acuerdo con el reglamento, sólo hacían falta algo menos de 200 mil firmas, el 1% del padrón electoral, así que la recolección superaba ampliamente este requisito. Adicionalmente, debía haber 1% en cada uno de los 24 estados del país.

El CNE se tomó un mes para revisar y a principios de junio informó que aceptaba sólo el 70% de las firmas, 1.352.000 y que las restantes 600 mil habían sido rechazadas. Las razones para rechazar el 30% de las firmas fueron genéricas y cosméticas, como por ejemplo, errores ortográficos en el encabezado de la planilla. Sin embargo, sabiendo que las aprobadas eran 7 veces lo requerido, se continuó al siguiente paso.

De esta manera, entre el 20 y el pasado 24 de junio fueron convocadas más de 1 millón 350 mil personas para comprobar sus huellas dactilares en los equipos del CNE y ratificar que su voluntad de revocar era real. Para tal actividad, el CNE utilizaba 300 equipos capta-huellas ubicados en 128 puntos del territorio nacional y que operarían por 40 horas.

La semana de comprobación resultó un caos logístico por parte del CNE por las siguientes razones:

- Los sitios fueron escogidos al azar y no guardando relación con la residencia de los firmantes. En algunos casos, para validar era necesario desplazarse decenas de kilómetros
- La cantidad de sitios y de equipos asignados no se correspondían con la cantidad de firmantes potenciales sino con el requisito del 1%, en consecuencia, la MUD tuvo que montar una inmensa e impecable logística de traslados para agilizar
- El acceso  a muchos de los puntos fue dificultado con bloqueos de las vías, alcabalas inexplicables, operativos de reparación de asfaltado, etc.
- Aun así, la gente tuvo que tolerar filas de hasta 8 horas e incluso en algunos sitios por más de 1 día, para poder demostrar la validez de su firma. De no existir una convicción emocional con el proceso, la gente habría desertado
- No conforme con ello, los centros operaron menos de 30 horas por indisciplina de los funcionarios, fallas de energía eléctrica, fallas de los equipos y decenas de incidentes que incluyeron acoso y violencia de activistas pro-gobierno. 
- Sólo en Margarita, un día entre la 1 y las 2 de la tarde, sólo 7 personas lograban validar. Era evidente un boicot descarado al proceso

La semana ocupó a la población en un proceso democrático generador de esperanza y al menos en las noticias, tanto las protestas como las revueltas por comida y servicios públicos, disminuyeron notablemente con respecto a las semanas previas.

Luego de esta semana, de acuerdo con la MUD, más de 400 mil firmas fueron validadas. Aunque la voluntad de más de 2 millones de venezolanos fue ignorada o desechada, la meta fue aparentemente superada en los 24 estados.

Ahora el CNE dispone de hasta 1 mes para preparar un informe que debería concluir invitando a un proceso abierto en el que casi 20 millones de electores podrán solicitar el referendo y para ello tendrán que asistir a puntos de validación del CNE para manifestar su voluntad colocando sus huellas tal como esta semana.

Para que el referendo se convoque es necesario que los 4 millones de electores lo pidan formalmente. Las encuestas indican que entre 10 y 12 millones de electores lo consideran necesario y lo apoyarán. A juzgar por la actitud del CNE y el gobierno, pero también de los ciudadanos, el proceso continuará avanzando aunque con más demora e incidentes que los razonables.

Para que los solicitantes ganen el eventual referendo, la opción del “Si” debe recibir al menos 1 voto más que los que hicieron Presidente a Maduro en 2013, es decir, más de 7.587.532 de votos y si el gobierno de Maduro pierde el referendo, deben convocarse nuevas elecciones para escoger nuevo Presidente y nuevo gobierno para concluir el periodo.

Si finalmente el referendo no se realiza antes del 10 de enero de 2017, todo este esfuerzo habrá resultado en vano para los opositores por cuanto esa fecha define un límite para revocar al ejecutivo en pleno. Después sólo se podría revocar al Presidente y, en tal caso, ascendería su Vicepresidente, manteniendo el resto del gobierno actual hasta 2019.

Mientras la solución a esta crisis política sigue encaminándose constitucional y democráticamente, la crisis económica y social siguen empeorando y causando graves daños a millones de venezolanos todos los días. Me temo que no bastará atender la política para que el país no colapse. Eso no quiere decir que hay que desmeritar o abandonar este proceso revocatorio, pero hay que obligar a que el gobierno acepte ayudas como el canal humanitario de alimentos y medicinas que muchos de nuestros vecinos nos están ofreciendo.

viernes, 19 de abril de 2013

Estamos revisando... esperar antes de concluir


El sistema electoral de Venezuela, que recibe y cuenta votos de casi 19 millones de personas en casi 40 mil mesas, todavía incluye un porcentaje de mesas que votan de manera manual. Votan manual unos 100 mil venezolanos en las embajadas de más de 85 países y unos mil venezolanos en zonas inhóspitas en 10 estados de Venezuela. El resto de los votos son automatizados.

En cada mesa, si hay testigos de todas las tendencias en competencia, cada votante vota una sola vez y debe firmar y poner su huella en el cuaderno y, luego de emitir su voto, debe introducir la boleta en una caja. 

Si a las 6pm ya no hay votantes esperando:

- Se cierra la mesa y se imprime el acta para saber cómo fue la votación de esa mesa. El acta debería reflejar los resultados de la caja y del cuaderno. 
- Se imprimen tantas copias del acta como testigos presentes y las firman todos los miembros. 
- Luego la máquina se conecta a la red y se envía el resultado al CNE. En el sistema de totalización del CNE, los datos se van consolidando y sumando. 
- La caja se “enteipa”, se sella y es firmada por todos lo presentes. 
- Terminado el proceso, la máquina, la caja y el cuaderno quedan bajo resguardo del CNE a través del plan República, disponibles para ser revisadas si fuera necesario y si luego de un plazo de tiempo finito no hay reclamo, se destruyen la caja y el cuaderno.

Este sistema, descrito de esta manera, ha sido probado y auditado varias veces por la oposición y en todas las oportunidades se ha comprobado que funciona y es fiel reflejo de la voluntad de los votantes. A lo sumo, cuando se han hecho auditorías, se ha detectado que faltan 1 ó 2 boletas de gente que no las introduce en la caja. Sin embargo, las auditorías sólo se han hecho en 10 o 15% de las mesas y no en el 54% que permite la ley y seguramente se han hecho en los centros donde hay fuerza de la oposición y normalidad (grandes ciudades y urbanizaciones).

En cualquier caso, si la oposición tiene copias de todas las actas, una suma simple permite comparar el resultado con el que publica el CNE en su web. Eso ya casi debe estar listo en la mayoría de los estados. Me tiene sorprendido que se esté afirmando que en Carabobo las actas de la oposición no suman lo que el CNE ha publicado. Si esto se confirma, ha pasado algo que no había sido auditado hasta ahora. Sería un fraude muy burdo y muy fácil de desmontar.

Históricamente, se ha comprobado que es imposible que en el CNE se sume algo distinto a lo que se transmite. Por ello sostengo (y nos conviene que así sea) que el sistema de totalización es inviolable y que el voto es secreto. De esa manera, la oposición ha ganado varias elecciones: referéndum, gobernaciones, alcaldías, asamblea, etc. Y con este sistema, tendría que seguir ganando elecciones este mismo año, el próximo y los siguientes.

¿Dónde puede haber fraude?

Comprobado:

- En la pre-campaña y campaña, donde el CNE ha avalado con su actitud permisiva el uso abusivo de poder y recursos públicos a favor de uno de los contendores
- El día de las elecciones, no actuando ante quienes siguen haciendo propaganda y amenazan a votantes para que no se expresen o voten de manera asistida o que el voto no sea libre
- En este momento, en el que se están exponiendo pruebas de organismos públicos en los que se están despidiendo o amenazando con despido a los votantes opositores

Por comprobar:

- El día de las elecciones, en mesas donde no hay presencia de testigos de todas las tendencias, en las que podrían emitirse votos falsos que no reflejan la voluntad de esa comunidad
- El día de las elecciones, en mesas donde no hay testigos de todas las tendencias, en las que representantes de una tendencia se aseguran que la gente vote obligada por una opción a cambio de dar algún favor o quitar un beneficio, violando la libertad del elector

Se ha dicho que hay un porcentaje de mesas, en las que al llegar el final del proceso se violan los pasos finales: se presiona a los testigos para que se vayan, se impiden las auditorias, se reabren centros, etc. Todo esto se puede auditar preguntando a los testigos o contando las mesas donde la oposición no tuvo testigos o de las que no tiene copia de actas porque el testigo no se quedó hasta el final. A esto llamaré mesas “débiles” para la oposición.

Si suponemos que en la mesas “débiles” se emitieron votos falsos, podría haber ahora manera de averiguarlo, aunque podría ser muy, muy difícil. Hay gente que piensa que Capriles ganó por 300 mil votos. Eso quiere decir que se habrían emitido al menos 500 mil votos falsos y eso significaría que, digamos, en 20.000 mesas se emitieron 25 votos falsos en cada una, o 50 votos falsos en 10.000 mesas o 100 votos falsos en 5.000 mesas. Sólo la MUD puede estimar cuál fue su número de mesas “débiles” el 14A. De otros procesos nacionales, se ha dicho que la oposición es débil en unas 8.000 mesas. Es decir, que si hay un fraude de este tamaño, podría significar que hay unos 60 votos falsos en esas 8.000 mesas “débiles”.

¿Cómo detectar incoherencias o votos falsos?

- Mesas de las que no se consigue o la caja o el cuaderno. Estas mesas se objetarían
- Mesas con una abstención muy alejada de 20% deben llamar la atención para investigar con más ahínco 
- Mesas donde los votos en acta no concuerdan con las papeletas. Es decir, se emitieron 60 votos falsos pero no se metieron en la caja. Si falta 1 ó 2 papeletas, sería “normal” pero cualquier faltante o excedente superior debería permitir objetar esa mesa
- Los votos en acta no concuerdan con el cuaderno. Es decir, se emitieron 60 votos falsos, las papeletas se metieron en la caja pero no hay huella y firma en el cuaderno para todos los votos. Las papeletas en la caja coincidirán con el acta pero en el cuaderno habrá un faltante. Esa mesa se objetaría.
- Los votos en acta concuerdan con la caja y el cuaderno. Habría que revisar firmas y huellas del cuaderno para tratar de detectar algo sospechoso. Firmas o huellas parecidas podrían dar pie a objetar esa mesa, aunque se complicarían las pruebas
- Mesas donde haya pruebas o testigos que demuestren que hubo voto asistido

Se supone que el 14A se hizo la auditoria de más de 20.000 mesas. Sin embargo, por la experiencia de procesos pasados, sólo se hace la auditoria en 4 ó 5 mil mesas. Si allí han aparecido incoherencias, ya están documentadas. Hasta ahora, en los procesos pasados, en estas auditorias se ha comprobado que todo es correcto.  Si al final de esta auditoría adicional, ofrecida el día de ayer por el CNE, se suman suficientes objeciones y pruebas de violaciones a la ley electoral, ya veremos que resulta al final.

Mi recomendación para el opositor que se siente defraudado por el sistema electoral es que espere las auditorías y las pruebas para fijar una posición, recordando que Capriles está al frente del proceso y se debe ser responsable con uno mismo y con todo el país. Asumir que hubo un fraude que cambió los resultados sin esperar las pruebas, propiciará la abstención de la oposición en las próximas elecciones y entregará decenas de alcaldías y cientos de concejales a la otra opción, alejando a la oposición de ser gobierno.

miércoles, 17 de octubre de 2012

¿De qué tamaño es la brecha?


El 8 de octubre muy temprano escribí “Esta historia continuará…”. Fue mi rápida catarsis y asimilación de los resultados del día anterior. Básicamente me enfoque en el importante crecimiento que sostiene la oposición y lo indispensable que le resulta que su ineludible tristeza se transforme en esperanza y que la unidad se dedique a procurar los espacios regionales que le corresponderán y que son indispensables para seguir construyendo la alternativa democrática.

Sabía que este desenlace del 7-O era muy probable porque dos buenas encuestadores, con trayectoria y suficientes aciertos previos, habían logrado anticipar ese resultado con mucha precisión (Hinterlaces y Datanalisis).

Seguidamente y en paralelo a decenas de análisis que fui leyendo, escribí “Los Carentes, los Apretados y los Solventes” en un intento muy personal por ir en contra de quienes desde la oposición tildan de “interesado irresponsable” al chavista pobre que votó de nuevo por el continuismo. Básicamente, intentaba sensibilizar a quienes les está costando mucho ponerse en los zapatos de los 7,5 millones de compatriotas que padecen limitaciones serias en su día a día y que volvieron a dar una oportunidad a Chávez porque han recibido su “ayuda”. Muchos opositores no entienden que mucha gente valora esa ayuda porque la necesita y no puede, no sabe o no quiere arriesgarse a perder una parte de su presupuesto diario de subsistencia.

Ahora bien, pasados estos días desde el 7-O, mantengo mis reflexiones previas pero necesito dejar constancia de que pienso  que la diferencia “real” entre Chávez y Capriles es menor. 

Cuando se tenga acceso al escrutinio completo, porque aun el CNE nos debe razón de 296.345 votantes (los del exterior más los de centros inhóspitos), estimo que la ventaja para Chávez se mantendrá en torno a 1.640.000 votos.

El retiro de 3 tarjetas con cara de Capriles más la tarjeta que se le sumó a Reina Sequera, disminuyeron la votación de Capriles en 100.000 votos (65.000 que se llevó Reina y 35.000 nulos por error). Sin estos 4 raros cambios, la ventaja hubiese bajado a 1.540.000 votos.

La brecha bajaría a 1.528.000 votos de haber un centro en Miami, porque allí Capriles hubiera recibido 12.000 votos más de los que no pudieron o no aceptaron el "castigo" de viajar 14 horas para expresarse.

Por otra parte, es público y notorio que el CNE no ha facilitado suficientemente la inscripción de más venezolanos en el exterior. Si se acepta que hay más de 800.000 paisanos fuera y sólo pueden votar 100 mil, por simplificar y no exagerar, el CNE debería haber inscrito a 300 mil venezolanos adicionales. De estos, habrían votado 240.000 y proyectando el comportamiento típico del 7-O, (90/10), 216.000 lo hubiesen hecho por Capriles y 24.000 por Chávez, lo que  habría podido recortar la brecha en 192.000 votos adicionales. La diferencia ya iría por 1.336.000.

Por último, tenemos el sonado remate rojo de la tarde del 7-O. Todo lo leído y oído hace presumir que la operación 1x10 del  chavismo les llevó a su “perfecta” victoria. Si buena parte de la diferencia total de Chávez se votó entre las 4pm y las 7pm, quiere decir que la maquinaria logró 2 millones de votos rojos en el final de la jornada. Siento que objetivamente el 10% de estas personas votó bajo presión y por miedo, ya que había escogido abstenerse. Sin ellos, la ventaja disminuiría en 200.000 votos y eso reduciría la brecha a 1.136.000 votos.

Ahora bien, sólo la mitad de esta brecha, es decir, 670.000 votos hicieron a Chávez presidente nuevamente o visto de la otra forma, si Capriles convencía a 700.000 venezolanos adicionales, la historia sería otra. Pero aun ajustando la diferencia con estas suposiciones de arriba (que tú decides sin son exageradas o no), Chávez gana igual pero sólo por poco más de 1 millón de votos. Es decir, los resultados “reales” son  más parejos que los oficiales. 

Mis conclusiones:

  • El ventajismo es real, injusto y ayudó a ganar 
  • Sólo un porcentaje pequeño de gente fue forzada a votar (y se hubiese abstenido)
  • Hay un porcentaje de venezolanos que vota por Chávez porque lo ama pero la mayoría real lo escoge porque su manera de distribuir la riqueza petrolera es tangible
  • La gente común y corriente no quiere arriesgar lo que recibe y/o lo que va a recibir de este gobierno y eso no es criticable para quienes padecen tantas carencias vitales
  • La minoría opositora ha venido creciendo en los últimos años porque o el reparto no alcanza igual y/o cada vez más gente comprende que si el país se sigue deteriorando, lo que pueden recibir de este modelo no compensará los males que padeceremos


En muy pocas palabras, el chavismo hace rato que sabe cómo gobernar para ganar elecciones y aunque la oposición sigue convenciendo de que hay otro camino, aun queda un trecho que falta por recorrer. Nunca será demasiado tarde seguir intentándolo por la Venezuela que merecemos.