viernes, 24 de junio de 2016

El difícil camino del 1 al 20 y al 50%

A finales de abril de 2016, en sólo tres días y justo después de recibir el formato oficial de planilla de manos del CNE el 26 de abril, más de 2 millones y medio de venezolanos de los 24 estados del país, firmamos para cumplir el primer paso para que el CNE comprobase que hay necesidad de contar si hay 4 millones o más de electores que quieren convocar un referéndum revocatorio de los encargados del poder legislativo actual.

Al concluir la recolección de las firmas iniciales, la MUD revisó y filtró unas 200 mil planillas con cerca de 1.960.000 firmas y las entregó al CNE el 2 de mayo para que éste revisara y convocara la jornada a través de la cual comprobar la veracidad de las mismas. De acuerdo con el reglamento, sólo hacían falta algo menos de 200 mil firmas, el 1% del padrón electoral, así que la recolección superaba ampliamente este requisito. Adicionalmente, debía haber 1% en cada uno de los 24 estados del país.

El CNE se tomó un mes para revisar y a principios de junio informó que aceptaba sólo el 70% de las firmas, 1.352.000 y que las restantes 600 mil habían sido rechazadas. Las razones para rechazar el 30% de las firmas fueron genéricas y cosméticas, como por ejemplo, errores ortográficos en el encabezado de la planilla. Sin embargo, sabiendo que las aprobadas eran 7 veces lo requerido, se continuó al siguiente paso.

De esta manera, entre el 20 y el pasado 24 de junio fueron convocadas más de 1 millón 350 mil personas para comprobar sus huellas dactilares en los equipos del CNE y ratificar que su voluntad de revocar era real. Para tal actividad, el CNE utilizaba 300 equipos capta-huellas ubicados en 128 puntos del territorio nacional y que operarían por 40 horas.

La semana de comprobación resultó un caos logístico por parte del CNE por las siguientes razones:

- Los sitios fueron escogidos al azar y no guardando relación con la residencia de los firmantes. En algunos casos, para validar era necesario desplazarse decenas de kilómetros
- La cantidad de sitios y de equipos asignados no se correspondían con la cantidad de firmantes potenciales sino con el requisito del 1%, en consecuencia, la MUD tuvo que montar una inmensa e impecable logística de traslados para agilizar
- El acceso  a muchos de los puntos fue dificultado con bloqueos de las vías, alcabalas inexplicables, operativos de reparación de asfaltado, etc.
- Aun así, la gente tuvo que tolerar filas de hasta 8 horas e incluso en algunos sitios por más de 1 día, para poder demostrar la validez de su firma. De no existir una convicción emocional con el proceso, la gente habría desertado
- No conforme con ello, los centros operaron menos de 30 horas por indisciplina de los funcionarios, fallas de energía eléctrica, fallas de los equipos y decenas de incidentes que incluyeron acoso y violencia de activistas pro-gobierno. 
- Sólo en Margarita, un día entre la 1 y las 2 de la tarde, sólo 7 personas lograban validar. Era evidente un boicot descarado al proceso

La semana ocupó a la población en un proceso democrático generador de esperanza y al menos en las noticias, tanto las protestas como las revueltas por comida y servicios públicos, disminuyeron notablemente con respecto a las semanas previas.

Luego de esta semana, de acuerdo con la MUD, más de 400 mil firmas fueron validadas. Aunque la voluntad de más de 2 millones de venezolanos fue ignorada o desechada, la meta fue aparentemente superada en los 24 estados.

Ahora el CNE dispone de hasta 1 mes para preparar un informe que debería concluir invitando a un proceso abierto en el que casi 20 millones de electores podrán solicitar el referendo y para ello tendrán que asistir a puntos de validación del CNE para manifestar su voluntad colocando sus huellas tal como esta semana.

Para que el referendo se convoque es necesario que los 4 millones de electores lo pidan formalmente. Las encuestas indican que entre 10 y 12 millones de electores lo consideran necesario y lo apoyarán. A juzgar por la actitud del CNE y el gobierno, pero también de los ciudadanos, el proceso continuará avanzando aunque con más demora e incidentes que los razonables.

Para que los solicitantes ganen el eventual referendo, la opción del “Si” debe recibir al menos 1 voto más que los que hicieron Presidente a Maduro en 2013, es decir, más de 7.587.532 de votos y si el gobierno de Maduro pierde el referendo, deben convocarse nuevas elecciones para escoger nuevo Presidente y nuevo gobierno para concluir el periodo.

Si finalmente el referendo no se realiza antes del 10 de enero de 2017, todo este esfuerzo habrá resultado en vano para los opositores por cuanto esa fecha define un límite para revocar al ejecutivo en pleno. Después sólo se podría revocar al Presidente y, en tal caso, ascendería su Vicepresidente, manteniendo el resto del gobierno actual hasta 2019.

Mientras la solución a esta crisis política sigue encaminándose constitucional y democráticamente, la crisis económica y social siguen empeorando y causando graves daños a millones de venezolanos todos los días. Me temo que no bastará atender la política para que el país no colapse. Eso no quiere decir que hay que desmeritar o abandonar este proceso revocatorio, pero hay que obligar a que el gobierno acepte ayudas como el canal humanitario de alimentos y medicinas que muchos de nuestros vecinos nos están ofreciendo.

martes, 21 de junio de 2016

Historia viva: primer semestre de 2016

A mediados de 2016, Venezuela se había convertido en un lugar tan inverosímil que algunos fabricantes cambiaban el nombre del género (no las marcas que habían dejado de tener importancia años antes). El champú ahora se llamaba Pre-tratamiento para evadir el control de precios, porque un litro de champú tenía que costar menos de 100 Bolívares mientras que el Pre-tratamiento se conseguía por casi dos mil o el precio necesario para lograr una comercialización rentable.

Otro producto emblemático, que reflejaba como la planificación chavista castigaba a la gente, eran los huevos de gallina. En sólo un año, el precio se había multiplicado por más de diez, pasando de 10 Bolívares a 100, aunque seguía siendo la proteína más accesible y disponible. En medio de aquella escalada y justo un poco antes de las elecciones legislativas de finales de 2015, el gobierno decretó que el precio tenía que ser de 15 Bolívares por unidad e, inmediatamente, se esfumaron de la misma manera en que luego lo hizo la mayoría chavista en el parlamento.

En aquellas elecciones, la mayoría opositora se hizo absoluta. El chavismo, como ya lo había hecho antes al perder otras elecciones, desechaba la voluntad popular, en este caso, con el apoyo genuflexo del máximo tribunal del país (el TSJ) que no escatimaría en sentencias parcializadas para neutralizar cualquier iniciativa no oficial por auditar, controlar o legislar de acuerdo con las promesas electorales con las que la oposición había ganado el apoyo popular.

La MUD, sabiéndose neutralizada por el TSJ, organizó el derecho constitucional a revocar al gobierno que había pasado el Ecuador de un acontecido periodo. A pesar de que las principales encuestas indicaban que entre el 70 y 80% de la población apoyaba la activación de tal plebiscito, el poder del chavismo en el CNE hacía diligentes pero infértiles esfuerzos de dudosa transparencia para demorar el conteo del inicial 1% que es necesario para pedir un segundo conteo de al menos un 20% del padrón que activa finalmente el referendo revocatorio. Todo un triatlón electoral. Una semana antes de concluir ese primer semestre, se lograba la meta inicial pero faltaba saber si en la segunda mitad del año se votaría por revocar al gobierno en pleno o si en 2017, se intentaría revocar sólo al Presidente.

El gobierno creía que subsidiaba la cesta básica de alimentos y medicinas destinando para ello hasta el 90% de las mermadas y mal administradas divisas del país (el precio de petróleo había caído un 60%), sin embargo, tener acceso a tales productos era un calvario cada día más alto. La diferencia entre los precios controlados y los que algunos estaban dispuestos a pagar, era de más de 15 veces y por ello se había generado la tristemente célebre ocupación de bachaquero, con múltiples especialidades, que aunque generaba una clase social que convertía la crisis en oportunidad, echaba por tierra las supuestas bondades de aquellos ineficientes subsidios.

El gobierno, continuando con su afán de controlar los controles de los controles y pensando en combatir a estos informales que su propia terquedad y miopía habían engendrado, cambiaba la distribución de los alimentos subsidiados por una iniciativa que se conoció con el acrónimo de CLAP (que en inglés es una forma coloquial de nombrar a una enfermedad venérea) y que consiste en la venta y despacho directo y mensual de una bolsa con un kit de harina, arroz, aceite y algo más. El programa fue delegado en miles de grupos locales de vecinos, aunque cada uno incluía a partidarios del PSUV, perfumando con un tufo a soviet, tan delicada distribución. Hasta un gobernador chavista, el de Nueva Esparta, declaró a todo pulmón que quien firmase a favor del revocatorio no recibiría las ayudas del “estado”.

Mientras el tipo de cambio para lo básico era de 10 Bolívares, un ministro bastante solitario y hasta entonces aparentemente poderoso, Miguel Pérez Abad, había dejado que el tipo de cambio secundario pasara en sólo tres meses de 200 a más de 600 Bolívares para intentar frenar al cambio paralelo que había estado alimentando la inflación que alcanzaba sus máximos históricos e, incluso, hacía de la economía de Venezuela, una de las peores del planeta. También había ajustado el precio de los productos controlados y el de la gasolina, que mantenía los ridículos precios del siglo pasado. 

Y como si todo este panorama no fuese suficiente, una pésima gestión del sistema eléctrico (que había sido totalmente estatizado hacía 10 años), alcanzó, hasta entonces, el clímax de una crisis energética que aunque comenzó en 2010 y había recibido miles de millones de dólares de inversión pública, necesitó racionar por varios meses el servicio durante al menos cuatro horas diarias, redujo los horarios de millones de funcionarios a dos días por semana y le quitó el viernes a las semanas de clase, para evitar que el país se apagara por completo. Concluyendo este primer semestre, lo más grave había pasado y el embalse de la principal generadora hidro-eléctrica del país, subía mientras los recortes y restricciones comenzaban a flexibilizarse.

Finalmente, como no podía ser de otra manera, la salud venezolana también vivía los peores días de aquellas décadas. La escasez de insumos y medicamentos llegaba al 90% como consecuencia de las deudas que se mantenían con los proveedores. Esto, aunado a la inseguridad ciudadana, que llenaban las morgues con decenas de asesinados cada día, terminaban de configurar una patética gráfica: 30 millones de personas sobreviviendo a duras penas a una guerra que las entrañas chavistas habían desatado por acción y por omisión.  

En las redes sociales y en cientos de medios de comunicación de América y Europa, Venezuela ofrecía titulares emocionantes y cansinos por igual. La crisis era discutida en asambleas, congresos y entre decenas de actores internacionales que presionaban por encauzar la crisis con herramientas de negociación. Se exhortaba al diálogo político entre las partes para evitar un descarrilamiento definitivo del precario orden y para detener el avance de una crisis que comenzaba a tener la dolorosa etiqueta de humanitaria.

Así comenzaba a despedirse el 2016. Vendría el cierre de aquel trascendental año en el que habría de dilucidarse si el chavismo seguiría resistiendo el pulso de millones de venezolanos en oposición o si ocurriría un cambio pacífico y democrático que buscase un tercer Presidente para terminar aquel periodo, el más accidentado de los 60 años precedentes, marcado por la reelección, la agonía y muerte de Chávez, la controversial elección de Maduro y la más cruel crisis que recuerden aquellas generaciones que, o emigraban o, se sometían a las más inverosímiles y agónicas piruetas hasta para comprar un Champú.

martes, 14 de junio de 2016

¿Dónde estará España en 2020?

Hace 6 meses, justo después de celebradas las elecciones españolas resumí sus resultados reseñando que el bipartidismo (PP+PSOE) había retrocedido del 75% al 50% de los votos (de 2011 a 2015) y que desde allí en adelante, Podemos intentaría monopolizar la izquierda y que Ciudadanos intentaría hacerse del centro, los pragmáticos y la centro derecha “indignada”, para constituirse en el otro nuevo polo.

Luego de estos 6 meses en los que los principales partidos no quisieron acordar un nuevo gobierno, en breve se repetirán las elecciones y el panorama luce relativamente parecido al de finales de 2015, aunque con menos incertidumbres sobre lo que aspira la gente.

Ciudadanos y PSOE intentaron una alianza que de haber recibido el apoyo de Podemos, habría dado paso a un gobierno de izquierda moderada con Pedro Sánchez a la cabeza, sin embargo, pareciera que Pablo Iglesias y su equipo, fieles a sus principios, no compartían el acuerdo y calcularon que valía más la pena ir a nuevas elecciones para darse el chance de crecer e intentar tomar el segundo lugar y presentarse, como efectivamente lo están haciendo, como la alternativa de cambio real a la tradición a la que acusan, agitando las banderas del 15M, de inmóvil, insensible y corrupta.

Podemos ha seguido sumando apoyos de los más excluidos del sistema y, específicamente, junto a Izquierda Unida se presenta ahora como Unidos Podemos, lo que automáticamente proyecta una mejora de sus resultados (aparece en las encuestas como la segunda fuerza). Estas encuestas indican que el PP de Rajoy repetirá como la lista más votada, que el PSOE de Pedro Sánchez tendría una ligerísima pérdida y que Ciudadanos seguiría en cuarto lugar.

España parece dividida en dos grandes bloques (aunque la paleta política sea más amplia, variada y compleja): los que se ubican más al centro y prefieren reformas y mejoras al status quo y los que apoyan cambios profundos. Esos dos grandes bloques se forman, en el primer caso, sumando los eventuales votos del PP (29%), el PSOE (21%) y Ciudadanos (15%) y, en el segundo caso, los que apoyan a Unidos Podemos (25%) y a los Otros (10%).

A juzgar por las encuestas, el primer bloque, los moderados, es clara mayoría, aglutinando al 65% del electorado y, por su parte, el bloque que aspira y propone reformas profundas, se quedaría con el 35%.

Pareciera que el español promedio aspira a un gobierno alejado de ambos extremos, que compatibilice la generación de riqueza y de empleos con mayores beneficios sociales, que plante cara seria a la corrupción y que, manteniéndose en Europa, haga una actualización de su constitución e instituciones. 

¿Serán capaces de entenderlo y aceptarlo los egos del PP y del PSOE para aparcar sus diferencias históricas aunque accesorias? ¿Se hará con el poder la izquierda más radical aun siendo minoría?

En dos semanas se tomará la foto con la que habrá de reiniciarse otro chance de formar gobierno. Se prevé que esta foto seguirá desafiando la flexibilidad y el olfato de las estructuras políticas tradicionales que aunque cuentan con el impulso y el peso de sus propios aciertos y errores, deberán desechar dogmas y prejuicios para adaptarse al momento actual e intentar que España siga acercándose a sus referentes europeos o, por una egoísta miopía, la dejen que se preñe de incertidumbres, de venganza y ensayando nuevas fórmulas de vieja data con poca garantía de éxito.

¿Dónde estará España en 2020? Ya veremos.

domingo, 5 de junio de 2016

Sobre cómo seguirá la historia de Venezuela

Al menos desde que comenzó 2016, suele escucharse que la situación del país es insostenible. Los ya cuatro años de crisis económica, social y política, van motivando innumerables tertulias y artículos que intentan explicar qué camino tomaremos de un momento a otro, sin embargo, estamos casi arribando a la mitad de un año con consecuencias que muchos quisiéramos olvidar muy pronto, mientras que la crisis continúa causando estragos.

Con esta motivación hice un resumen de posibles desenlaces hipotéticos para los próximos meses que incluyen una valoración de la probabilidad que mi criterio les otorga. Luego de identificar cinco eventos, sólo hay dos desenlaces posibles: que el chavismo siga o no gobernando hasta concluir el periodo actual, hasta enero de 2019.


        Según mi análisis casero, la posibilidad de que el chavismo no concluya el actual periodo constitucional, tiene una probabilidad mayor a 60% y su ocurrencia está asociada con los dos siguientes escenarios:

Se celebra el Revocatorio antes del 10/1/17

Es el escenario que ha estado trabajando la MUD desde marzo de este año y el que habría de imponerse en una democracia sensata por ser constitucional y por ser una vía pacífica y civilizada para canalizar el creciente descontento social (con el que concuerda entre 70 y 80% de la población). Sin embargo, por la experiencia previa y la actitud mostrada hasta ahora por el gobierno, parece existir tanta energía a favor como en contra de que éste se celebre en 2016, plazo más que suficiente desde un punto de vista técnico, pero que a juzgar por las encuestas, pondría fin a la hegemonía chavista que arrancó en 1999.

Conseguir que se convoque el revocatorio es un proceso que requiere dos grandes pasos. El país aun aguarda que se complete el primero que, como era previsible, ya ha entrado en mora.

Del segundo paso, va a depender la probabilidad de que el revocatorio se haga este año. Este segundo paso consiste en la recolección de al menos el 20% de las huellas del electorado como petición formal y por ser organizado por el CNE, es prácticamente una elección. Sería una jornada en la que los electores que lo decidan acudirían a los a centros electorales para ser contados. Si tal conteo de voluntades se acerca al 50% del padrón, lo que incluso supera la votación que recibió Maduro en abril de 2013 para ser Presidente, el mensaje sería tan contundente que la probabilidad de que el Referéndum se organice con rapidez, subiría hasta el 80%. Sin embargo, si en el segundo paso se cuenta a un porcentaje justo por encima del 20% que exige el reglamento, la probabilidad caería.

En resumen, a juzgar por la grave situación nacional, por los estudios de opinión y por la presión internacional que ha venido manifestándose con fuerza en días recientes, la probabilidad de que se organice el referendo en 2016 tiene hoy una posibilidad de 60%.

Madura renuncia en 2016

Sin que intervenga una fuerza militar, nacional o internacional, que amenace con aniquilar a la revolución o al propio Maduro y su entorno íntimo, considero que este escenario tiene una muy baja probabilidad de ocurrencia. En este momento, pareciera que tal fuerza sólo se encontraría cercana a la revolución pero más afín a un ideario nacionalista que socialista. Le otorgo a este escenario una probabilidad de 5%, ya que aun suponiendo que hay representantes de tal fuerza dentro del oficialismo, desconozco el poder real con que puedan contar para dar este golpe que, por otra parte, abriría paso a nuevas elecciones presidenciales para culminar el periodo y que entonces habría trabajado en favor de la oposición. A estas alturas, no imagino un golpe para redefinir el hilo constitucional del país aunque sea ésta una de las lamentables especialidades de nuestra historia republicana.


         Por su parte, la probabilidad de que el chavismo logre seguir a la cabeza del ejecutivo hasta 2019 sería de 40% y tiene que ver con la ocurrencia de alguno de los siguientes dos eventos:

El Revocatorio se convoca para después de 10/1/17

Si la fuerza y astucia del gobierno se imponen y el referéndum se convoca después del 10/1/17, el interés del electorado por revocar comenzaría a decaer porque ya no estaría en juego un renovación de la conducción del país sino que sólo se aspiraría a la remoción de Maduro para encargar al Vicepresidente chavista que él haya nombrado. En consecuencia, incluso la probabilidad de que se logre tal revocatoria, perdería fuerza y momentum. El gobierno lo sabe y de allí que está y estará poniendo todo su empeño para desplazar la convocatoria para el próximo año.

Intentando medir la magnitud de la crisis actual y la velocidad con que se agrava, me aventuraría a pronosticar que el aplazamiento del revocatorio, va perdiendo probabilidad a medida que siguen empeorando la escasez, la inflación y la conflictividad.

A este escenario le daría una probabilidad de 30% y de materializarse, la estrategia chavista podría sacrificar a Maduro, quien renunciaría víctima de la guerra económica con el objetivo de desmovilizar a la oposición y reposicionar al chavismo como un sentimiento nacional que es capaz de sacrificarse y reinventarse para seguir trabajando por los más pobres. Esta salida evitaría para el chavismo el desgaste del referéndum.

Maduro se reforma y negocia su continuidad con cambios en su gobierno

Si la revolución se llega a saber acorralada y sin salida este año, podríamos ser testigos de un Maduro conciliador y reformista que para detener el revocatorio, utilice la intermediación internacional hacia un diálogo y acuerdos que le lleven a ceder, por ejemplo, sobre la liberación de los presos políticos y la modificación de las principales políticas económicas.

Maduro podría defenderse más adelante diciendo que fue obligado a ajustar los preceptos de la revolución y achacaría el costo de tales ajustes a la presión a la que se vio sometido pero que como contraparte permitió el regreso de la tranquilidad. Aunque sería un movimiento inteligente, tanto por su terquedad ideológica como por su orgullo, por las presiones de su gente y por una oposición que se sabe con una posibilidad de 70% de asumir el gobierno en 2017, a este escenario le doy una probabilidad de 10%.


Finalmente, la probabilidad de una revuelta popular ha venido creciendo pero en mi opinión el que explote una revuelta social no proyecta con claridad un único desenlace de la crisis y, en consecuencia, en caso de ocurrir, el futuro sería incierto para todos.

Revuelta popular de impacto nacional

Pienso que un evento con amplio apoyo popular que desborde el nivel de cobertura policial y militar, saquearía la propiedad y los comercios privados, lo que el gobierno usaría para, por una parte, “celebrar” como una nueva edición de la lucha de clases y, por la otra, “encontrar” responsables de tal movida dentro de la oposición, dando pie a la apertura de juicios para seguir neutralizando a los opositores más incómodos. También creo que una revuelta de este tipo sería un gran inhibidor para que el referéndum se organice. 

Pero siendo así, ¿por qué percibo que el gobierno no duda en controlar y reprimir cada una de las protestas “de riesgo” que están sucediendo a diario desde que empezó el año?

Concluyo que un desorden social generalizado podría desbordarse y convertirse en una tragedia que fracture los apoyos más duros de Maduro, poniendo en riesgo a su gobierno y a la revolución.

Lamentablemente, a juzgar por la alta flamabilidad de la calle en este momento, la probabilidad para este evento crece todos los días por lo que al día de hoy le daría un chance de 35%, sin embargo, como ya he mencionado, las consecuencias podrían ser desfavorables tanto para al gobierno como para la oposición pero también podría abrir paso a una tercera fuerza, nueva o desapercibida, que surja de la anarquía y se nos imponga de pronto.


Despejada estas incógnitas en los muy próximos pocos meses, habrá que medir el impacto que sobre la gobernabilidad nacional tendría la pronta renovación del poder en las gobernaciones de estado que en principio y a juzgar por las encuestas actuales, cambiaría el balance en 180 grados. Y aunque esa es harina casi que del mismo costal, merece una próxima entrada. 

domingo, 8 de mayo de 2016

¿Qué suban los sueldos o qué bajen los precios?


Como se ha podido comprobar en los últimos 13 años de controles, los precios son tercos y no obedecen a los deseos o a los decretos. De otra forma, resultaría inexplicable como una economía harto controlada por el gobierno (o mejor dicho, que el gobierno cree controlada), muestre los terribles índices actuales de inflación, devaluación y escasez. 

Al revisar sólo desde enero de 2013:

- los precios se han multiplicado por 10
- el ingreso mínimo por 9 y 
- 8 de cada 10 productos básicos no están disponibles

Y, por su parte:

- el cambio básico pasó de Bs. 4,30 a Bs. 10 Bs. y, el otro, de 12 a Bs. 400 por Dólar y 
- el cambio no controlado (e ilegal) multiplicó por 65 el valor de hace 40 meses

Este último, aun siendo ilegal y realengo, ha marcado los precios de un importante grupo de bienes y servicios, sobretodo de los activos de mayor valor como la vivienda y, en general, el equipamiento y las inversiones más grandes que hace una familia.

En los últimos meses, la inflación se ha desenfrenado. Los productos con precio controlado son más inaccesibles cada semana pero los precios del resto suben de manera espeluznante, obligándonos a olvidar compras y hábitos tradicionales.

El venezolano viene perdiendo poder adquisitivo a velocidades desconocidas para las actuales generaciones que nos preguntamos cuándo los salarios volverán a servir para cubrir los gastos de una vida normal.

Pareciera que la solución sigue chocando con la ideología política del gobierno. Sin suficiente producción o sin las importaciones equivalentes para cubrir las necesidades, sólo seguir ajustando los salarios empeorará la situación porque seguirá aumentando la demanda sobre pocos bienes y servicios que terminan siempre subiendo de precio más rápido que lo hace el sueldo.

En consecuencia, un modelo que ha querido siempre satisfacer la producción de manera directa, estatizando o importando, y que se ha quedado sin recursos y sin la capacidad para lograrlo, pareciera que se va viendo obligado a ser más tolerante con el sector privado.

Ahora bien, para que el sector privado aumente la producción se hacen necesarias, al menos, modificaciones fundamentales a dos políticas emblemáticas: la de cambio y la de precios. 

En estos días, se oyen muchas opiniones sobre la unificación cambiaria. El cambio SIMADI se ha duplicado desde febrero y varios analistas han escrito que el cambio único de un eventual futuro sistema de cambio flotante arrancaría en torno a Bs. 200 por Dólar pero que se requiere de un préstamo de 35 mil millones de Dólares, entre otras cosas, para hacer que funcione. 

El estado venezolano debe al menos 15 mil millones de Dólares a cientos de proveedores de todo tipo y eso ha bloqueado las líneas de crédito y los nuevos despachos. Los importadores han pagado en Bolívares al BCV pero éste no ha transferido los dólares equivalentes a los proveedores públicos y privados. Esto explicaría buena parte del desabastecimiento y por ello una parte del préstamo referido habría que destinarlo a hacer abonos a estos compromisos para destrancar.

Un cambio único de 200 Bolívares por Dólar, encarecería las importaciones que hoy en día se hacen a Bs. 10 pero abarataría el resto, las que se hacen a Bs. 400 o a Dólar libre. Se necesitaría activar un sistema de subsidios directos, como ya lo ha indicado el Vicepresidente en estos días, para los alimentos y las medicinas que multiplicarían sus precios por 10 o por 20.

Del sistema de precios, ya hemos comenzado a escuchar declaraciones oficiales de que algo viene en camino y que al parecer incluye el ajuste de precios que están tan rezagados que son ridículos (como por ejemplo, el de un kilo de harina de maíz que sigue en menos de 20 Bolívares).

Encaminarnos depende casi exclusivamente de lo que decida este gobierno o de que un eventual nuevo gobierno haga los cambios. Lo positivo de la mala situación actual es que el país ya está pagando el alto precio que normalmente se atribuye a los ajustes como el que necesita nuestra economía.

A final de cuentas (y siempre llegará ese mañana), el equilibrio se logrará haciendo que bajen los precios al aumentar la oferta y lograr que los salarios suban dependiendo del desempeño y de la productividad.  Éste es, hoy por hoy, el único camino. Lo demás, historias de fracaso que en Venezuela se han convertido en pesadillas de todos los días.

viernes, 29 de abril de 2016

¿Cuánto aumento se decretará el 1° de mayo?


En más de veinte ocasiones previas he comentado acá sobre el comportamiento de la inflación en Venezuela. Hasta finales de 2014, consultaba la web del Banco Central de Venezuela (BCV) y luego de sumar, promediar, comparar y graficar, presentaba mis proyecciones, conclusiones y comentarios.

Hasta 2013 nos habíamos habituado a una inflación en torno al 20-25% anual y aunque sin duda era un porcentaje muy alto al compararlo con el resto del mundo, las compensaciones salariales lograban un cierto balance. Pero la inflación de 2014 rozó el 70% y, el año pasado, superó el 180%. El estatismo está perdiendo el control.

En 2015 no se publicaron las estadísticas. Las recibimos incompletas a comienzos de este año. Tampoco en lo que va de este año, nos han mostrado la historia oficial. Estas omisiones voluntarias del BCV están sembrando dudas razonables sobre las intenciones y la calidad de sus datos y, en consecuencia, lo que tantas veces fue un trabajo hasta obsesivo por medir el poder de compra y las escalas salariales del país, ha dado paso a la especulación, la incertidumbre y el sentir que esperar por estas cifras es una pérdida de tiempo. Llegan demasiado tarde para ser de utilidad.

Otros indicadores no oficiales han ganado popularidad. Los del CENDAS y hasta algunos tragicómicos como “Huevo Today”, se están usando para saber cuánto crecen los precios. Por mi observación personal, estimo que los precios de alimentación han crecido cerca de 500% en estos doce meses, periodo en que los salarios sólo se han duplicado. Pero siguiendo la historia que del 2015 nos vendió el BCV, la inflación anualizada podría estar pasando de 220% al cierre de este mes de abril.

Por estos días se suelen decretar dos de los varios aumentos de salario mínimo del año. Por norma reciente, uno entra en vigencia de inmediato y otros hacia el final del año. Hasta 2014, el salario mínimo se venía indexando a la inflación, sin embargo, el año pasado sólo se recuperó cerca la mitad de ésta, aunque se compensó una parte de la diferencia con el aumento a los tickets para alimentación.

Por eso, siguiendo la tradición de la política salarial de este gobierno, el mínimo que arrancó el 2015 en Bs. 9.650 podría terminar el año cerca de 20 mil Bolívares y los tickets, que empezaron cerca de Bs. 7.000 (y ya están en Bs. 13.500), subirían hasta 27 mil Bs.

Si el gobierno asegura la disponibilidad presupuestaria a pesar de todas las dificultades económicas que él mismo ha generado (y que sigue alimentando día tras día), pareciera que decretará un aumento de 30% al salario mínimo desde mayo, para llevarlo a 15 mil Bolívares y otro 30% en octubre, para despedir 2016 en torno a los 20 mil.

Por su parte, también desde mayo decretaría un aumento a los tickets a 4 unidades tributarias (UT) diarias o Bs. 21.240 mensuales (pagaderos desde junio) y a 5 UT o Bs. 26.550 desde algún mes de final de año.

A pesar de la pobreza de las estadísticas oficiales, de la caída de los precios del petróleo y de una devaluación brutal y sostenida del SIMADI, esta es una hipótesis revestida por un alto margen de error pero que presento a partir del análisis de la conducta del gobierno en los años recientes.


Me despido con un lugar común: aumentar la liquidez y la demanda mientras que la producción y las importaciones siguen disminuyendo, sólo seguirá agravando la más terrible crisis económica de Venezuela de las últimas décadas.

martes, 19 de abril de 2016

Viajemos hasta 1810

Carlos IV, Fernando VII, Napoleón Bonaparte, José Bonaparte, Vicente Emparan, Juan Germán Roscio, Francisco de Miranda y Martín Tovar Ponte

Viajemos hasta 1810. La Capitanía General de Venezuela cumplía 33 años, la Real Audiencia de Caracas 23 y el Consulado de Caracas 13. Es decir, que una descentralización del poder monárquico y una relativa independencia del Virreinato de Nueva Granada sumaban, como muchas, tres décadas que serían suficientes para dar paso al nacimiento de un nuevo país.

En 1799, Napoleón se había hecho con el control de Francia para evitar la restauración de la monarquía luego de la revolución francesa de 1789 y, atravesando España para combatir a Portugal, la atacó dando origen a la guerra de independencia española que desalojó provisionalmente a la monarquía, con Fernando VII a la cabeza, entre 1808 y 1813.

Carlos IV, el padre de Fernando VII, había abdicado en marzo de 1808 alegando problemas de salud (mucho tuvo que ver la presión popular en su contra). Fernando VII asumió el trono a la edad de 24 años pero a los 3 meses, en mayo, fue apresado por las fuerzas de Napoleón y recluido en Valencey (en Francia) hasta 1813 (se habla de arreglo de Fernando VII con Napoleón). A pesar de su reclusión, del control de Napoleón y del nombramiento de su hermano José como rey de España, todas las instancias de la monarquía española que se mantenían en pie de lucha, reconocían en Fernando VII a su único rey.

Por su parte, en 1810, el Capitán General de Venezuela era Vicente Emparan, un vasco de 63 años que luego de una extensa carrera naval pasó a ejercer cargos de gobierno para la corona española, primero como gobernador de Panamá entre 1789 y 1792 y, luego, como gobernador de Cumaná, con reconocido desempeño, entre 1792 y 1804 cuando regresó a España.

Precisamente, en mayo de 1808, Napoleón había logrado el control de Madrid y le ofrece a Emparan la Capitanía de Venezuela. Éste no aceptó el encargo y se trasladó a Sevilla, donde la Junta Suprema Central defendía los derechos de Fernando VII y le nombró Capitán de Venezuela.

Aceptando el nombramiento, Emparan dejó claro su apoyo a Fernando VII y partió a Venezuela inmediatamente para recibir el cargo de manos de Juan de Casas y Barrera que lo ostentaba desde 1807. En 1808, éste último había recibido a representantes franceses de José Bonaparte que venían exigiendo reconocimiento pero inmediatamente, un navío inglés trajo noticias de la resistencia española que alimentaban las esperanzas de la restitución de Fernando VII.

En general, la población venezolana y, más influyente aun, el poder económico, se mostraba leal a España y enfrentado a la Francia Napoleónica. Juan de Casas había tenido no pocos desencuentros con los mantuanos que le exigían que formara una junta como las españolas (que gobernaban en representación del apresado Fernando VII) y que se relajaran ciertos controles para el comercio pero éste no aceptó por temor a perder el control de la Capitanía.

Los mantuanos venían acumulando malestares por la dificultad que las guerras imponían al comercio y por los injustos controles a las exportaciones que imponía la corona y en este entorno tan inestable, Francisco de Miranda desde el extranjero y bastante alejado de la cotidianidad venezolana, arengaba por la independencia total. Los mantuanos más viejos aspiraban mayor independencia pero a través de la formación de juntas de gobierno a la española y, los más jóvenes, hijos de los mantuanos y que usaban la cuadra Bolívar como lugar de encuentro, ya discutían  las primeras ideas de auto-gobierno aunque seguían declarándose fieles a Fernando VII.

Las noticias volaban en todas las direcciones y al interior de la Capitanía se rechazaba cualquier fractura a la lealtad a Fernando VII, ni siquiera se apoyaba la creación de una nueva junta porque podía ser el germen de la independencia que se rechazaba por costumbre y ya tres siglos de status quo.

El 29 de enero de 1810 la Junta Suprema Central de España se disuelve para dar paso al Consejo de Regencia que tuvo como misión la organización de las cortes constituyentes que acabarían por redactar la primera constitución de España. Mientras tanto, en América, las juntas de gobierno que se venían constituyendo en respuesta a la dominación napoleónica, se mostraban leales a la persona de Fernando VII pero opuestas al gobierno de la Regencia o al de Francia. Las ideas liberales y republicanas, tanto de la revolución francesa como de la independencia de Estados Unidos, ya preñaban varias mentas de las juntas americanas.

El cabildo era una institución citadina predominantemente formada por criollos elegidos por los vecinos. Gozaba de atribuciones administrativas, judiciales y políticas para ocuparse de los temas locales de los habitantes de cada ciudad.

El de Caracas, epicentro de la Capitanía, ante la inestabilidad del poder de aquel momento, había sesionado el 19 de abril de 1810 para convencer a Emparan de presidir la junta de gobierno en rechazo a la ocupación napoleónica. Éste, como antes Juan de Casas, se negó y cuando todos se trasladaban a oír misa por ser Jueves Santo y ante el clamor de los presentes, reunidos en la que es hoy la plaza Bolívar, los miembros del Cabildo decidieron desconocer la autoridad de Emparan toda vez que la Junta que le había nombrado en Sevilla dos años antes, había desaparecido y había sido sustituida por una Regencia de dudosa legitimidad.

Emparan luego de recibir una negativa popular a su consulta pública informal sobre su permanencia en el cargo, renunció, regresó a España y moriría en Cádiz poco más de 10 años después, en octubre de 1820.

Esa misma tarde el Cabildo de Caracas se convierte en la Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII y luego de tomar control de los cuarteles de la ciudad y asegurar el apoyo de las provincias, designa el 25 de abril la Junta Suprema de Gobierno que será la primera instancia de gobierno autónomo de Venezuela.

Por su parte, a finales de abril de 1810 y sin estar al tanto de estos hechos, la Regencia nombra a Fernando Miyares, hasta entonces gobernador de Maracaibo, como reemplazo de Emparan. Desde Maracaibo, intentará proteger a Coro y Maracaibo del esfuerzo unificador de la Junta Suprema que ya gobierna en Caracas. Para la Regencia será el Capitán General de Venezuela por los dos siguientes años, hasta 1812, cuando sea el turno de Monteverde... pero esto es parte de otra historia por contar. 

viernes, 15 de abril de 2016

Huevos de gallina. De 320 a 2.200 Bolívares en 10 meses

La economía venezolana desde 2012 viene perdiendo sus precarios equilibrios a toda marcha.

Las políticas implementadas, ratificadas y amplificadas han agredido y, en muchos casos destruido, lo privado, lo individual y lo nacional para hegemonizar lo público e intentar controlarlo todo. Pareciera que los ideólogos económicos de este modelo pensaban que el precio del petróleo seguiría subiendo indefinidamente y que no era necesario preservar la producción y la generación de la riqueza privada ya que el abastecimiento de todo lo que se considerase prioritario para los segmentos más vulnerables, se tranzaría por petróleo con los aliados o se compraría con la renta petrolera donde fuese necesario.

La estratosférica corrupción (que algunos analistas estiman que desaparece más del 30% de todos los ingresos del país), sobretodo asociada con el control de cambio, ha pulverizado los pocos beneficios de corto plazo asociados con este modelo y más aun, cuando desde hace poco más de un año, han caído las exportaciones por debajo de la mitad de lo que antes vendíamos.

Entonces, la insuficiente producción nacional, la corrupción, la desconfianza, los menores ingresos en dólares, los subsidios generales e indiscriminados y el descontrolado gasto público (que sigue inundando el país de más y más Bolívares cada vez más débiles), sólo han disparado la inflación y el desabastecimiento. La desconfianza bien ganada y el poco acceso a las divisas, dispararon el tipo de cambio del mercado negro a niveles inimaginables e insostenibles, agravando aun más el panorama.

Las lamentables consecuencias son muchas y dolorosas pero se podrían resumir en un grave retroceso generalizado y el empobrecimiento del país y su población.

Ahora bien, lo que la gente común que estamos interesados en analizar y comprender nuestra economía nos solemos preguntar es si ¿existe una forma más o menos oportuna (por no decir rápida) para retomar los equilibrios o mejor aun, para superar las calamidades que nos agobian y comenzar unas décadas de crecimiento y desarrollo sostenidos?. La respuesta de todos los economistas modernos suele ser que sí, pero que tal recuperación pasa inexorablemente por des-ideologizar la economía de Venezuela.

A menos que la factura petrolera o cualquier otra nueva renta en manos del estado, por obra de un milagro, llegue de pronto a generar de forma sostenida más de 150 mil millones de dólares de ingreso anual para el país, el modelo económico tiene que abrazar principios y valores que parecen ser diametralmente opuestos a los del “Socialismo del siglo 21”.

Hasta ahora el chavismo está negado de hacer tal viraje y, en consecuencia, lo lógico es pensar que cualquier renacimiento económico del país llegaría de la mano de una administración política diferente. Mientras ese cambio llega, habría al menos un conjunto de políticas ineludibles para cualquier gobierno como lo son: 1) el combate frontal y real a la corrupción, 2) la disminución y el control del gasto público improductivo, 3) el progresivo ajuste de los principales controles y 4) la sustitución de los subsidios indiscriminados (nacionales e internacionales) por ayudas provisionales y dirigidas a la población más vulnerable.


Si no ocurre el replanteamiento económico pero tampoco se adoptan con éxito los cuatro conjuntos de medidas de responsabilidad básica, sólo continuará creciendo con cada vez mayor velocidad la miserable fosa común en la que se ha estado enterrando el futuro y las oportunidades de más de 31 millones de venezolanos. “Delitos de lesa humanidad” o  “Estado fallido”, estarán dejando de ser frases de la diatriba política para convertirse en argumentos de la justicia y la ley que habrán de llegar a un país asentado sobre miles de millones de barriles de petróleo y que no pasa desapercibido para el resto del mundo occidental.

viernes, 25 de marzo de 2016

¿Amanecerá? ¿Veremos?

La inseguridad personal es uno de los peores problemas de Venezuela con una constante y ascendente curva de crecimiento en los ya 17 años y meses de gestión del actual gobierno. De acuerdo con cifras extraoficiales, en 2015 hubo entre 3 y 4 asesinatos cada hora o casi 28 mil en todo el año. Eso es aterrador.

En los estudios de opinión, desde hace ya varios años, la inseguridad es uno de los tres problemas más importantes para la gente, logrando impactar directamente a la mitad de la población (víctimas directas de hurto, robo o secuestro) e indirectamente a 8 de cada 10 personas (familiares de víctimas, incluidos los asesinados). 

Junto a las otros problemas que padece un ciudadano común en este país, es quizá la inseguridad el que más emigrantes genera. Se estima que cerca de 2 millones de ex habitantes han cambiado de país y han achacado a la inseguridad y el poco valor de la vida en Venezuela como las principales razones para irse.

Aunque las cifras eran ya alarmantes hace 10 años, los asesinatos más escalofriantes ocurrían principalmente entre miembros de bandas criminales en las zonas más pobres y menos custodiadas del país. Ocasionalmente, por supuesto que con mucha más frecuencia que la cualquiera quisiera tolerar, víctimas inocentes quedaban en medio de algún fuego cruzado pero seguía siendo un fenómeno relativamente remoto para muchos. Luego, el robo de celulares, en plena era BlackBerry, con tristes y muy sonados asesinatos, nos hizo estremecernos y alarmó a toda la población que comenzó a usar dos equipos para, con suerte, dejarse robar el más viejo y salvar la vida. Seguidamente, se hizo moda el secuestro exprés, una pesadilla que si bien existía desde hacía varios años, alcanzó el clímax de pavor generalizado entre 2011 y 2013, alimentando aun más el pánico con el que ya vivíamos.

Año tras año, las cifras han seguido creciendo. Ya no hay zonas seguras. El problema está generalizado y aunque sin duda hay municipios o estados en los que la ocurrencia de crímenes varía, la incidencia es inaceptable en cualquier rincón y entre cualquier grupo de población. A partir de las 7:30 de la noche la gente comienza a correr a sus viviendas. Literalmente. Es impresionante como en cualquier ciudad se pasa de un tráfico infernal y un ritmo de frenética normalidad, al más triste y absoluto recogimiento obligatorio y dejamos las vías y plazas públicas en una soledad de película de terror. Digamos que Venezuela está abierta 12 horas al día, de 7:00am a 7:00pm.

En los últimos dos años, los crímenes han desbordado la imaginación de cualquier guionista. Desde el asesinato de la actriz y Miss Venezuela Mónica Spears y su expareja frente a la pequeña hija de ambos, dentro de su vehículo en una carretera del centro del país, se han reportado asesinatos con saña, decapitamientos y desmembramientos en cualquier zona de cualquier ciudad y aunados a los crímenes habituales, los asesinatos de policías, de personal militar y de guardaespaldas, tanto para hacerse con el arma como por ganar puntos en la meritocracia criminal, se han hecho frecuentes (más de 100 por año).

Recientemente, se reportan asesinatos masivos, de 10 y 15 personas a la vez, asaltos con granadas, ajusticiamientos “oficiales” de criminales (que incluso han sido filmados) y, más recientemente y con frecuencia diaria, la comunidad ha comenzado a tomar la justicia por sus manos y estamos ante una escalada de linchamientos populares (con videos incluidos que son subidos a las redes sociales y en los que la mayoría de la gente se lamenta cuando el supuesto delincuente sobrevive y no lo queman vivo como sucedió y filmaron hace una semana en Caracas).

En fin, una descomposición brutal y masiva de la vida y los valores humanos en Venezuela nos ha devuelto a tiempos primitivos. Más que en un país, nos movemos con limitaciones en una tierra sin ley, en un entorno de sobrevivencia muy parecido al de una guerra asimétrica.

De acuerdo con expertos en el tema, un número aproximado de sólo 70 mil criminales son los que se dedican día a día a someter a toda la sociedad, directamente o a través del miedo.

El enfoque que de este problema tiene el gobierno en funciones desde 1999, parece ser una de las razones fundamentales de su gravedad. La revolución considera al delincuente como una víctima del capitalismo y no al agresor y en este sentido, no quiere reprimir sino proteger y tratar de incluir. Así hemos pasado por más de 20 planes nacionales de seguridad y hemos sido testigos de cómo un enorme reparto de ayudas sociales sólo han agigantado el problema.

El sistema de justicia es un verdadero desastre fuera de control. Si bien ya lo era hace más de 20 años, las dimensiones de la arremetida criminal solo lo han arrodillado y lo han ridiculizado al extremo. Se estima que entre un 5 y 10% de los casos son juzgados. Una impunidad superior al 90% es sólo otro aliciente para delinquir.

El sistema carcelario, diseñado para 15 mil “privados de libertad”, alberga a cerca de 45 mil. Nuestras cárceles no rehabilitan. Simplemente son sedes especiales para organizar delitos. La auto-gestión comunitaria de estos recintos que ha sido establecida por las trasnochadas mentes de funcionarios, comunistas unas y corruptas otras, han popularizado una camada de líderes prisioneros, denominados “pranes”, que han hecho de estos recintos un gran negocio con varios socios, centros de extorsión repletos de armas de guerra y desde donde se siguen controlando los hilos de la criminalidad que por ahora está ganando la guerra.

Una de las paradojas más grandes de este gobierno, plagado de militares, ha sido permitir que todo un país esté siendo sometido. Las facciones comunistas han impuesto su visión de la solución y no asumen las consecuencias de los pésimos resultados. Las facciones militares han impuesto algunas medidas y han diseñado operativos de "barridas" de algunas zonas con ajusticiamientos incluidos, sin embargo, las evidentes contradicciones en el control de la situación no están generando los resultados esperados.

Si hay un problema que debería justificar un inmediato cambio de gobierno es éste de la inseguridad, sin embargo, los dolientes, a pesar de contarse por millones, siguen dispersos tratando de buscar más dinero todos los días para intentar conseguir la poca comida y medicinas que se requieren para sobrevivir y seguir corriendo a la casa cuando comienza a oscurecer. 

¿Amanecerá? ¿Veremos? 

miércoles, 10 de febrero de 2016

No queda otra

Ahora que la conversión es mayor a uno por mil (o a uno por un millón, al recordar los tres ceros borrados en 2008), se ha hecho evidente que más allá de que una moneda que se devalúa constantemente resulta impráctica, lo realmente desquiciante es saberse arrastrado de manera planificada y sostenida hacia el fango de una miseria concebida por cuatro mentes caducas y perversas. 

Si el tipo de cambio se desplaza pero mantenemos una capacidad de compra relativamente estable, el problema sólo es de forma. Sin embargo, nuestra pobreza se hace contundente, entre otras evidencias, al comparar los ya tristes 150 dólares de salario mínimo de 1975 o de 1998 con los 24 dólares de hoy. Si no vives en Venezuela, ni te preocupes por no entender a profundidad como pasar un mes con este monto. Me pasó lo mismo hace 20 años cuando me contaban de los 20 dólares mensuales que cobraba un profesional en Cuba.

Es evidente, notorio y profundamente desolador que las arrogantes e irresponsables políticas del país desde hace 30 años, pero especialmente durante esta última década, están generado pobreza, dependencia y nos alejan a diario de las rutas hacia el desarrollo que varios de nuestros vecinos, zurdos y diestros, han recorrido con mucho más éxito en el mismo periodo. 

Antes que generar oportunidades y crecimiento a través de la diversificación de una economía que debería ser la tercera de la región, estos gobiernos de Venezuela se han obsesionado con gastar como propia la renta petrolera (e incluso usarla como garantía para tomar prestado todo lo que han podido), aunque hayan tenido y tienen la obligación moral y legal de cuidarla, hacerla crecer e invertirla como quien ha sido encargado de administrar el fideicomiso de un desvalido menor de edad.

Más allá de la necesaria cobertura social que debe ofrecer una sociedad de profundas desigualdades, desde hace muchos años en Venezuela han florecido negociados de importantes mordidas a los presupuestos públicos. O bien el estado ha sido estafado sin parar o bien se ha hecho la vista obesa ante ya varias generaciones de acaudalados corruptos que, de cada lado, se han hecho más voraces y descarados. 

Desde 2012, hemos comenzado a padecer un acelerado colapso de un modelo que mezcla rentismo con un engendro de socialismo. Es justo decir que el modelo rentista tiene más de 17 años pero éste ha sido empeorado, porque además de repartir por encima y por debajo de la mesa, planificó y ha estado dedicado a la destrucción de la producción y de los productores locales. Las consecuencias nos aturden con una escasez propia de una posguerra, la necesidad de por lo menos cinco salarios mínimos para cubrir los gastos básicos de una familia promedio y el cultivo de la anarquía en todos los ámbitos que nos empuja a construir un ya gigantesco sistema informal, paralelo y que está fuera de control del estado (no genera impuestos). 

Por ya más de 30 años, la inflación venezolana se ha hecho una enfermedad crónica, casi erradicada por nuestros vecinos y el resto del mundo, pero que acá muestra los índices más altos de nuestra historia y ha destruido cualquier equilibrio como se puede apreciar con las cifras del próximo párrafo.

Sólo mirando entre diciembre de 2007 y septiembre de 2015, según la web del Banco Central, los bienes y servicios en Bolívares han subido de precio más de 23 veces (23,6). En enero de 2008, el cambio oficial más bajo era de Bs. 2,15 (que ahora está en Bs. 10). Al multiplicar 2,15 por 23,6 resultaría en uno de Bs. 51 actualmente. El innombrable de 2008 andaba por Bs. 4,50 que al aplicarle la inflación acumulada, debería andar por 106 (muy, muy lejos del de Today). Por su parte, el salario mínimo de comienzos de 2008 era de Bs. 615 que por 23,6 debió ser de Bs. 14.514 aunque sólo llegue a Bs. 11.578.

El venezolano común camina en angustiante equilibrio sobre un piso de cristal. A una familia trabajadora o profesional le resulta imposible hacerse de los bienes y servicios básicos de la vida moderna: vivienda, salud, educación, seguridad, vacaciones y ahorros (dejaron de ser derechos fundamentales para convertirse en lujos extravagantes). Nuestras libertades han quedado, por decir lo menos, hacinadas en el trastero de una maltrecha casona decorada con antiguos afiches de Marx, mientras se nos invita a vivir con orgullo nuestro día a día aunque la marea de miserias nos esté ahogando en igualdad de penurias y humillaciones.

Luego de repasar estas duras evidencias públicas y notorias de deterioro y mal funcionamiento de un sistema, una hipótesis poca novedosa para explicar tanta terquedad es que lo que estamos viviendo con dolorosa impotencia se va pareciendo a lo que siempre se planificó: un país en la miseria. Como que no queda otra explicación.