Mostrando entradas con la etiqueta PP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PP. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de junio de 2016

España y sus elecciones generales de 2004 a 2016

Entre 2004 y 2016, España ha celebrado 5 elecciones generales. Revisando los resultados en porcentajes de los principales partidos y los hechos políticos, sociales y económicos que se han ido sucediendo, se puede analizar cómo se han movido algunas de las motivaciones del español en estos 12 años. Estas han sido las preferencias en cada una de las cinco elecciones:


En 2008, Zapatero ganaba su reelección. El PSOE y el PP veían crecer su electorado con la polarización al máximo. El PSOE se hacía con el 44,6% de los votos, el PP con el 40% y el Resto, Nacionalistas y Otros, sumaban el 15,4% restante. El bipartidismo sumaba el 84,6% de las preferencias, el porcentaje más alto del periodo observado.

Después, mientras que Zapatero negaba la grave crisis económica que había estallado hasta que fue demasiado tarde para actuar, las siguientes elecciones tuvieron que adelantarse a 2011. El PP de Rajoy, vencía a la tercera, logrando el 44,6% de los votos mientras que el PSOE de Rubalcaba bajaba al 28,8%, dejando a los Nacionalistas y Otros con el restante 26,6%. El bipartidismo retrocedía al 73,2% de las preferencias, básicamente porque el electorado castigaba con fuerza al PSOE, pero le otorgaba confianza absoluta al PP para que hiciera lo necesario contra la crisis. 

De acuerdo con sus argumentos, al comprobar la gravedad real de ésta, el PP modifica su oferta electoral y aplica un importante recorte del gasto público, sube impuestos y flexibiliza los contratos laborales, logrando alejar la intervención, disminuyendo y controlando el riesgo-país e iniciando una recuperación macroeconómica.

Ahora bien, también se fueron destapando alarmantes casos de corrupción que aunados al impacto social de los desahucios, la presión independentista de Cataluña y el índice de empleo más bajo de Europa, hicieron que la indignación nacional concibiera dos nuevas formaciones nacionales: Podemos y Ciudadanos. 

Llegan las elecciones de 2015 que aunque fueron ganadas por el PP de Rajoy con 28,7%, dividieron las preferencias en otros cuatro bloques: el 22% para el PSOE, Ciudadanos con 14%, 20,7% para una confluencia de formaciones aparaguadas por la marca Podemos y el Resto con 10,3%.

De esta manera, el bipartidismo perdía un total del 22,7%: 15,9% el PP y 6,8% el PSOE. Por su parte, los Nacionalistas y el Resto también perdían un 16,9% que ahora apostaban por las novedades. Los nuevos partidos se nutrían de votantes del bipartidismo pero también de los Otros.

Sin duda que el español a finales de 2015 estaba castigando a la tradición y se ilusionaba con las novedades. Por una parte, castigaba al PP por la corrupción y los recortes y al PSOE, también por la corrupción y la crisis del desempleo que explotó con Zapatero, sin embargo, el castigo no era tan grande como para dejarlos fuera de circulación porque Rajoy seguía liderando la fuerza más votada, escoltado por la del PSOE.

En los últimos 6 meses, el novedoso reto que el elector español dejó en manos de los principales partidos no se convirtió en gobierno y así se llegó a la primera repetición de elecciones generales, celebradas el 26J.

Ese día, el elector modera el castigo al PP, que es el único que ve crecer su electorado hasta el 33%, 4,3% más que en 2015. El PSOE recibe el apoyo del 22%, 0,7% más que en 2015. Ciudadanos pierde menos del 1% y la alianza entre Podemos e IU pierde, con respecto a la suma de sus porcentajes de 2015, un poco más de 3%, al recibir el 21%. Los Otros se quedan más o menos con lo de 2015.


La gobernabilidad de España sigue siendo ahora un gran reto. Justo un tercio de los españoles confía en que 4 años más del PP son necesarios para cosechar beneficios más tangibles. 35 de cada 100, algo más de otro tercio, no querían más PP aunque no apostaron a una revolución, prefiriendo reformar la actualidad. De éstos, 13 se hartaron de la corrupción aunque se identifican con la Centro-Derecha y 22 se siente más representados por la Social-democracia y aspiran retomar la senda del PSOE. Finalmente, menos de otro tercio del país quiere hacer un gran borrón y cuenta nueva: unos quieren dejar España y otros apuestan a rediseñar el sistema.

En términos de coincidencias estratégicas parece existir un bloque que es clara mayoría, más de dos tercios de la población, los que votan al PP, al PSOE, a Ciudadanos y a un par de partidos regionales. Y, por otra parte, hay otro bloque formado por los más indignados y radicales que quieren cambios drásticos en todos los ámbitos: el económico, el social e, incluso, el territorial.

Al ver a España de esta manera, parece que el español promedio rehúye de una ruptura al pedir un programa especial que concilie el plan básico del PP, que ha sido mayoría, con algunas de las principales ofertas del PSOE y de Ciudadanos. No será fácil construir tal acuerdo, sin embargo, de no hacerlo podrían tener que enfrentar la alternativa de una impredecible refundación de España porque las propuestas más radicales podrían seguir tomando fuerza si no se logra que la mayoría mejore a corto y mediano plazos.

Los cálculos electorales para el futuro van a pesar en las próximas semanas para que los adversarios del PP, sobretodo el PSOE, le facilite las cosas ya que podría ser una acción que debilite más su posición y haciendo que sus diferenciadores sigan perdiendo la fuerza necesaria para recuperar los apoyos mayoritarios del pasado.

martes, 14 de junio de 2016

¿Dónde estará España en 2020?

Hace 6 meses, justo después de celebradas las elecciones españolas resumí sus resultados reseñando que el bipartidismo (PP+PSOE) había retrocedido del 75% al 50% de los votos (de 2011 a 2015) y que desde allí en adelante, Podemos intentaría monopolizar la izquierda y que Ciudadanos intentaría hacerse del centro, los pragmáticos y la centro derecha “indignada”, para constituirse en el otro nuevo polo.

Luego de estos 6 meses en los que los principales partidos no quisieron acordar un nuevo gobierno, en breve se repetirán las elecciones y el panorama luce relativamente parecido al de finales de 2015, aunque con menos incertidumbres sobre lo que aspira la gente.

Ciudadanos y PSOE intentaron una alianza que de haber recibido el apoyo de Podemos, habría dado paso a un gobierno de izquierda moderada con Pedro Sánchez a la cabeza, sin embargo, pareciera que Pablo Iglesias y su equipo, fieles a sus principios, no compartían el acuerdo y calcularon que valía más la pena ir a nuevas elecciones para darse el chance de crecer e intentar tomar el segundo lugar y presentarse, como efectivamente lo están haciendo, como la alternativa de cambio real a la tradición a la que acusan, agitando las banderas del 15M, de inmóvil, insensible y corrupta.

Podemos ha seguido sumando apoyos de los más excluidos del sistema y, específicamente, junto a Izquierda Unida se presenta ahora como Unidos Podemos, lo que automáticamente proyecta una mejora de sus resultados (aparece en las encuestas como la segunda fuerza). Estas encuestas indican que el PP de Rajoy repetirá como la lista más votada, que el PSOE de Pedro Sánchez tendría una ligerísima pérdida y que Ciudadanos seguiría en cuarto lugar.

España parece dividida en dos grandes bloques (aunque la paleta política sea más amplia, variada y compleja): los que se ubican más al centro y prefieren reformas y mejoras al status quo y los que apoyan cambios profundos. Esos dos grandes bloques se forman, en el primer caso, sumando los eventuales votos del PP (29%), el PSOE (21%) y Ciudadanos (15%) y, en el segundo caso, los que apoyan a Unidos Podemos (25%) y a los Otros (10%).

A juzgar por las encuestas, el primer bloque, los moderados, es clara mayoría, aglutinando al 65% del electorado y, por su parte, el bloque que aspira y propone reformas profundas, se quedaría con el 35%.

Pareciera que el español promedio aspira a un gobierno alejado de ambos extremos, que compatibilice la generación de riqueza y de empleos con mayores beneficios sociales, que plante cara seria a la corrupción y que, manteniéndose en Europa, haga una actualización de su constitución e instituciones. 

¿Serán capaces de entenderlo y aceptarlo los egos del PP y del PSOE para aparcar sus diferencias históricas aunque accesorias? ¿Se hará con el poder la izquierda más radical aun siendo minoría?

En dos semanas se tomará la foto con la que habrá de reiniciarse otro chance de formar gobierno. Se prevé que esta foto seguirá desafiando la flexibilidad y el olfato de las estructuras políticas tradicionales que aunque cuentan con el impulso y el peso de sus propios aciertos y errores, deberán desechar dogmas y prejuicios para adaptarse al momento actual e intentar que España siga acercándose a sus referentes europeos o, por una egoísta miopía, la dejen que se preñe de incertidumbres, de venganza y ensayando nuevas fórmulas de vieja data con poca garantía de éxito.

¿Dónde estará España en 2020? Ya veremos.

lunes, 21 de diciembre de 2015

España 4 años después. Del 20N al 20D


Al revisar los resultados del voto en las elecciones generales de España del 20D de 2015, me permito resumir mis propias lecturas a este acontecer electoral así como aventurar algunos bocetos que dibujo a distancia y con mucho respeto, mirando a través de varios medios españoles.

El 20D, las escogencias del electorado español, en resumen, se dividieron en tres grandes bloques:

a.- 50% siguió votando a los dos grandes partidos tradicionales, PP y PSOE (Bipartido).
b.- 35% escogió las nuevas “marcas”: Podemos y Ciudadanos (Lo Nuevo).
c.- El restante 15%, votó por opciones regionales o por pequeños partidos (Regionales/Pequeños).

Hace 4 años, aplicando el mismo criterio, el 73,4% de los españoles votaron al Bipartido y 26,6%, a Regionales/Pequeños.

Simplificando el desplazamiento que acaba de experimentar la preferencia del elector español con respecto a 2011, Lo Nuevo se nutrió en un 65% del Bipartido y en 35% de los Regionales/Pequeños pero visto de otra manera, el Bipartido perdió un 31% de sus votantes pero hasta 45% fue la pérdida de los Regionales/Pequeños.

Aunque con seguridad lo que sucedió es mucho más complejo de resumir, me parece lógico suponer que por la definición, principios y el corto quehacer de Podemos y Ciudadanos, los primeros se nutrieron de votos tradicionales de los Regionales/Pequeños y del PSOE y que Ciudadanos recibió, fundamentalmente, el apoyo de votantes que antes habían escogido al PP.

Jugando a construir un casi imposible y simplificado escenario en el que las viejas formaciones desaparecen hasta que en una futura foto de la política española solo quedan Podemos y Ciudadanos, algo más de la mitad seguiría a Podemos y el resto a Ciudadanos. Este ingenuo escenario solo lo retrato para concluir que aunque en principio una potencial mayoría de Podemos hoy parece algo mayor que una de Ciudadanos, las barreras para que Podamos consolide un voto atomizado y subdividido parecen mayores que las de Ciudadanos para tragarse al votante del PP.

Desde ya y en los años por venir, ahora que Los Nuevos dejaron de serlo y que comenzaran a ser evaluados por hechos y gestión concreta dentro del sistema (a nivel nacional, autonómico y municipal), se abre un interesante periodo en el que les veremos intentar seguir atrayendo votantes de las formaciones tradicionales pero sin la frescura del estreno electoral que acaban de disfrutar.

El PSOE tiene una tarea inmensa porque su moderación o centrismo competirá con la agresividad de una izquierda más radical y nacionalista, aunque está por verse si ésta será la opción que mayoritariamente busque España (y Europa) en futuras elecciones.

Por su parte, pareciera que si el PP no se moderniza con velocidad oportuna y demuestra un combate frontal y creíble contra la corrupción, podría seguir cediendo votantes a Ciudadanos a pasos agigantados.

Es posible que España haya comenzado un cambio de ciclo a partir de la descomposición irreversible del status quo pero también es posible que la crisis que Podemos y Ciudadanos han mostrado al viejo espectro político, haga que algunos reaccionen correctamente, asuman la nueva realidad y terminen fortaleciéndose. 

Todo por verse y suceder. Lo del 20D ha sido la decisión de la gente, así como el status quo también lo fue.