Mostrando entradas con la etiqueta libre mercado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libre mercado. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de agosto de 2016

15 aumentos que no aumentan

Es indudable que para que Venezuela o cualquier otro país en desarrollo prospere y para que sus habitantes puedan mejorar su situación personal y familiar, los salarios deben crecer de manera real, lo que significa que la remuneración de la ocupación más básica permita ir cubriendo una mayor cantidad de necesidades a lo largo del tiempo, es decir, que vaya aumentando su capacidad de compra año tras año.

Esta época chavista lleva años decretando decenas de aumentos del salario mínimo, y aunque en tiempos de bonanza petrolera alcanzaban para seguir comprando más o menos la misma cantidad de bienes y servicios, ahora, después de los últimos 15 decretos que totalizan más de 1.350% de aumento en 4 años, el salario no para de perder valor al punto de estar desincentivando el empleo formal como herramienta básica del desarrollo. 

Los aun no cobrados Bs. 65.000 del nuevo salario integral compran mucho menos que lo que compraban los Bs. 3.000 de septiembre de 2012. Una manera gráfica de apreciarlo es escoger un producto básico como los huevos de gallina para comprobar que hace 4 septiembres, el esfuerzo de un mes compraba 3.000 huevos y el de hoy, sólo alcanza para 650.

Esta es sólo otra de las dolorosas pruebas del equivocado plan de desarrollo de este fracasado “socialismo del siglo 21” a través del cual el chavismo se empeña en seguir poniendo en práctica un conjunto de viejas y perversas políticas que van más pendientes de perpetrar una dictadura que de sumar la mayor cantidad de felicidad para la sociedad.

Pareciera que cuando una economía de libre mercado deja atrás a la inflación y comienza a alcanzar su desarrollo, el salario básico y el sistema de bienestar garantizan la cobertura de buena parte de las necesidades básicas (vivienda, alimentación, salud, vestido, educación, esparcimiento y ahorro). Sólo llegado a ese estadio podría ser suficiente que un salario mantenga el mismo poder adquisitivo año tras año y que la búsqueda de prosperidad para una familia o un individuo provenga del desarrollo profesional y la productividad.

La economía venezolana está acumulando tantos desajustes que es indispensable una profunda revisión para relanzarla tan pronto se pueda. Es terrible ver cómo casi todos los gastos y activos como vivienda, vehículo y equipos cotidianos se van dolarizando mientras los salarios retroceden y, adicionalmente, si no hacemos un acuerdo para trabajar por hacer crecer la economía y la producción, este modelo sólo terminará de alimentar una hiper-inflación que se está añadiendo a nuestra ya larga e intolerable lista de castigos. 

La terquedad de estos economistas parece infinita y es criminal. Mientras siguen creyendo que estamos atravesando un intermedio (deprimente y doloroso) hasta comenzar a disfrutar los beneficios de su utópico e inalcanzable acuerdo social, nuestra gente sigue descolgándose de la formalidad e incluso del país. La invitación es a seguir en resistencia pacífica y activa luchando por cambiar este errado y nefasto modelo, con la fortuna de contar con decenas de experiencias para hacer una transición de la mejor manera posible que aproveche el empuje emprendedor del venezolano que, en mi opinión, es uno de los más contundentes de nuestra región y del mundo. 

Por lo pronto, si el tipo de cambio promedio actual del país es de 400 Bolívares por dólar, el salario mínimo integral acaba de llegar a 150 dólares al mes que está muy lejos del promedio de nuestros vecinos, los mismos que en el pasado emigraban a nuestras tierras buscando el bienestar que ofrecía nuestro modelo de desarrollo previo con todo y sus desaciertos y vicios que también habremos de evitar en el futuro.

jueves, 7 de mayo de 2015

La alergia al libre mercado es un delito


El modelo económico que el socialismo del siglo XXI le ha impuesto a Venezuela ha perdido sus equilibrios, al menos, desde hace 3 años. La economía planificada, controlada y subsidiada por el estado, que se ha establecido desde 2003, requiere una cantidad de recursos públicos que ahora no están disponibles.

El modelo planificado intenta luchar contra la oferta y la demanda y eso conlleva un alto precio que, al principio, lo asumía el estado y que, al disminuir el saldo en nuestras cuentas públicas, ha comenzado a ser pagado por toda la población, en forma de inflación y de escasez.

No es difícil aceptar que el modelo de libre mercado puede en ocasiones resultar cruel para la gente con bajos ingresos (sobretodo en una sociedad en la que éstos abundan) pero, como ya hemos comprobado, decretar el precio de las cosas es  imposible o, mejor dicho, pensar que decretar el precio de algunos productos garantiza su disponibilidad a precios "justos", es una perversa ingenuidad.

La única salida es una combinación de: un obsesivo compromiso y las acciones necesarias para aumentar la producción, campañas que intenten desacelerar ciertos tipos de consumo (nocivos o irresponsables) y, mientras se combate la pobreza, brindar inteligentes subsidios directos a quienes los necesitan.

La gente se ha quejado del más reciente aumento de sueldos decretado hace pocos días por insuficiente ante la inflación pero mientras no se modifiquen las políticas que desincentivan la producción, poner más dinero en manos de todos sólo terminará acelerando más la inflación y la escasez.

Si 10 personas llegan a un mercado, cada una con al menos 100 Bolívares para comprar una manzana, y sólo hay 3 manzanas a la venta, el precio de éstas subirá hasta el máximo monto que alguno de los oferentes esté dispuesto a pagar por ellas. Si a la semana siguiente, se repite la rutina pero los consumidores vienen con 130 Bolívares, sin duda alguna, las 3 manzanas subirán automáticamente de precio. ¿Le suena?

Si el estado regula el precio de la manzana, obligando a que cada una sea vendida a Bs. 10, alguno de los 3 afortunados que compren una, la podrá revender clandestinamente y  sin controles porque sabe que hay una necesidad y que alguno de los otros 9 interesados está dispuesto a pagar por encima del precio controlado. ¿Le sigue sonando?

Si por el contrario, en vez de 3, en el mercado se ofrecen 100 manzanas, el poder pasará a mano de los compradores y el precio de la manzana bajará hasta el mínimo que el  oferente esté dispuesto a vender para no perder porque habrá más que una manzana disponible para todos los que quieren comprar.

Creo que el ejemplo es claro cuando hablamos de manzanas pero qué pasa cuando el producto en cuestión es de vida o muerte para el consumidor. Si se le deja en manos del libre mercado, terminará excluido y quizá muerto por no poder pagarlo (por ejemplo, una medicina). En este caso, sin duda alguna en países con un alto porcentaje de población con bajos ingresos, es necesario una intervención en forma de subsidio o de caridad.

No existe una economía controlada en el mundo moderno que haya sido capaz de atender esta situación con suficiencia. Hay docenas de pruebas fallidas, a lo largo de más de un siglo, de intentar la modificación de las conductas humanas de consumo. En consecuencia, insistir tercamente en un modelo que ha fracasado decenas de veces, es un crimen.

La única forma (y estaría por verse) de que este modelo funcione en Venezuela es que la producción petrolera creciera todos los años, al menos en la misma proporción en que crece la población, que el precio del petróleo creciera todos los años, al menos en la misma proporción en que lo hace la inflación mundial y que hubiera una manera de cerrar las fronteras del país, para no permitir el contrabando hacia nuestros vecinos.

Todo esto, claramente, resulta altamente improbable y, en consecuencia, la salida lógica es aprovechar inteligentemente las realidades del libre mercado para que la economía genere mayores riquezas y calidad de vida para más venezolanos. Contamos con decenas de ejemplos exitosos para imitarlos. Adicionalmente, contamos con el apoyo del petróleo en manos del estado para subsidiar dónde y mientras sea necesario. ¿Por qué cree Usted que nuestros administradores siguen por un camino que ya se ha probado y ha sido un fracaso? Ilumínenos por favor.